martes 8 de diciembre de 2009

CAUDILLOS EN HISPANOAMÉRICA

CAUDILLOS EN HISPANOAMÉRICA
1800-1850
(Síntesis de la obra de John Lynch)

El caudillismo es el liderazgo político, generalmente basado en el prestigio personal con rasgos autoritarios.

En Hispanoamérica, este sistema de liderazgo es tradicional e incluso cultural, surgido con los procesos de lucha independistas para librarse del yugo español. Posteriormente se consolida con el nacimiento de la República.

John Lynch, nos señala tres rasgos básicos del caudillismo originario: “Una base económica, una implantación social y un proyecto político” (Pág. 150).

En cuanto a su estructuración plantea que seguía el esquema terrateniente-campesino; es decir de obediencia y lealtad al terrateniente. Líder y terrateniente, padrino y patrón, el caudillo podía entonces arriesgarse a conseguir poder político, casi en todos los casos obligando a los campesinos a seguirlos.

Los caudillos locales y nacionales diferían unos de otros por el grado de poder que poseían, antes que por el papel que desempeñaban.

Algunos historiadores distinguen diversas clases de caudillos y denominan “cacique” al caudillo local. “cacique” es una palabra arawak cuyo significado corresponde a “jefe”. Los españoles introdujeron esta expresión en México y Perú y lo utilizaron para designar a un jefe indio cuyos poderes fueran de carácter hereditario, incorporado al sistema autoritario español.

Así los caciques tienen una mentalidad rural y los caudillos una mentalidad urbana.

El caudillismo fue una primera fase de la dictadura y en determinadas circunstancias resultan intercambiables. Cuando el caudillo emergió desde el ámbito local a la historia nacional, cambió el poncho por el uniforme y la estancia por el palacio, y podía ser contemplado como un ser autónomo y absoluto.

En Hispanoamérica colonial, el gran aparato estatal generaba un liderazgo de naturaleza dual: el liderazgo de los propietarios y el liderazgo de los desposeídos. Los desposeídos buscaban líderes y formaban bandas para defender y mejorar su subsistencia; en respuesta los propietarios organizaban también lo suyo para aniquilar a los disidentes.

Los funcionarios del último período colonial, en Argentina por ejemplo, no distinguía entre gauchos buenos y malos, sino que los consideraban a todos ellos como vagos y ladrones, mientras que los propios gauchos se consideraban como hacedores de libertad y creían en la propiedad comunitaria del ganado. En Venezuela, la ocupación de los llanos siguió un camino diferente, aunque con un destino similar. Sus jefes eran efectivamente líderes de bandas criminales que tenían su origen en el llanero, continuaba con el cuatrero, el bandido y una secuencia que bien podría conducir a la figura del guerrillero.

En México, al menos en los que respecta a las regiones del centro, tenían un número mayor de instituciones y funcionarios que Argentina o Venezuela, y normalmente el estado colonial funcionaba como un poderoso mecanismo disuasor que contribuía a mantener el orden.

Por otro lado, el poder colonial siempre permitía a los hacendados de cualquier país ejercer una justicia de carácter privado. El patrón se convirtió en cacique y ejerció el poder de intermediario entre sus propios dominios y el mundo exterior. Sin embargo, en el norte del Perú, la existencia de la clientela constituía un signo de debilidad antes que de poder: Los propietarios utilizaban una influencia de carácter patriarcal y política para indemnizar por los posibles fracasos económicos.

Pocos lugares en el mundo hispano estuvieron a salvo del bandidaje, producto del empobrecimiento de unos y el enriquecimiento de otros. El bandidaje social no tenía ideología y miraba en dirección al pasado y no en busca de un proyecto revolucionario. Los gauchos por ejemplo intentaban rescatar las costumbres tradicionales. En los llanos de Venezuela, el robo del ganado, el pillaje y otras formas de conflicto, fueron una forma de vida para el llanero.

Cuando en 1808, la invasión francesa de España cortó los lazos de unión de la metrópoli de sus colonias, generó una crisis de autoridad, el panorama político se modificó. El Estado colonial se derrumbó, compitiendo los diferentes grupos sociales entre sí para llenar el vacío que se había producido. Para competir y ejercer su autoridad en tales circunstancias un soldado tenía que ser un político y los políticos tenían que controlar a los soldados. Al tiempo que una lucha por la independencia, estas guerras se convirtieron en una competición por el control del poder. El caudillo entonces fue un vástago de la guerra y un producto de la independencia.

La revolución que se produjo en Buenos aires en Mayo de 1810 fue un movimiento civil con una base militar. Los nuevos líderes eran revolucionarios profesionales, un político profesional como Bernardino Rivadavia y oficiales de carrera como San Martín, que transformaron la revolución en un negocio, hecho que no era popular entre las élites regionales, cuyos intereses políticos, sociales y económicos a menudo diferían de los de la capital, produciendo una gama de caudillos que colaboraban con la revolución pero también se dedicaban al saqueo. Su ventaja era que se autofinanciaban, por ello Lynch dice que el caudillaje era una forma barata de hacer la guerra. Algunos que empezaban modestamente acabaron convirtiéndose en poderosos terratenientes de la República.

Los caudillos de Argentina exigían autonomía más que secesión; en Uruguay los líderes criollos intentaban liberarse de Buenos Aires tanto como de España, porque veían nueva situación de dependencia, su principal exponente fue José Gervasio Artigas, un caudillo gaucho que nació en Montevideo en el seno de una familia terrateniente y militar, y comenzó como líder de una banda de ladrones de ganado, en 1811 se unió al Movimiento independista de Buenos Aires, se convirtió en un importante caudillo nacional y político de Argentina Y Uruguay.

La revolución de mayo pasó al Alto Perú, por ser productor de plata y una zona estratégica para la contrainsurgencia: Las guerrillas del Alto Perú, los montoneros de la sierra y los llanos, constituyeron de forma espontánea bandas que se mantenían unidas más por la lealtad personal hacia un caudillo con muchas probabilidades de éxito que por la disciplina militar. Esta lucha caudillista allanó la llegada de los “libertadores” con mayor facilidad. Los montoneros del Perú Central jugaron por ejemplo un papel importante para la independencia.

La guerra de Venezuela fue más larga, más dura y más sangrienta que en Argentina. Los caudillos de los llanos estaban más comprometidos con el enemigo, al principio se enfrentaron luego cedieron ante los objetivos militares de Bolívar.

El campo mexicano, al igual que el venezolano, era una zona de poder terrateniente y de protesta encarnada en el bandidaje, mucha competencia por el control del liderazgo. Los rebeldes de México habrían continuado siendo bandidos si no hubieran sido movilizados por líderes excepcionales que no conseguían el apoyo desde sus bienes personales, sino a partir de las bases de poder a las que tenían acceso gracias a su posición especial y su prestigio. México fue cuna de dos grandes curas-caudillos y numerosos clérigos que se convirtieron en guerreros: Miguel Iglesias cura de Dolores, cuando entró a Guadalajara victorioso, fue recibido como un rey. Su continuador el obispo José María Morelos, se convirtió en el primer jefe de la nación.

Finalmente dice Lynch, la guerra de la independencia en Hispanoamérica no la ganaron los caudillos ni la guerrilla, sino los ejércitos regulares, pero benefició a los caudillos y dibujó más claramente su perfil, los convirtió en héroes militares.

Terminada la guerra de la independencia, Hispanoamérica se condujo gubernamentalmente en forma dual, por un lado el constitucionalismo y por el otro el caudillismo. Dichos sistemas no se excluían necesariamente. Un caudillo podía gobernar al amparo de la constitución como no también. Los hombres de Estado tales como Bolívar, Santander, San Martín y Rivadavia no fueron caudillos, se trataba de políticos profesionales que preferían los ejércitos regulares que a las bandas armadas, en cambio los caudillos tenían en su mayoría un gran vacío cultural y por tanto carecían de una visión del cambio político y el progreso constitucional.

La historia caudillar de cada nación tiene sus propias peculiaridades: Argentina fue gobernada por un puñado de caudillos, en parte de carácter civil y en parte militar. En la mayor parte de las provincias, todo aquel que intentaba gobernar constitucionalmente estaba abocado al fracaso debido al personalismo existente.

En Venezuela, después de la guerra, Bolívar trató de separar el poder político y poder militar, no lo consiguió. Si debía organizarse de forma pacífica, tenía que satisfacer y escoger buenos caudillos. Así lo Hizo, otorgó cargos regionales y les proporcionó tierras. El 16 de julio de 1821, el Libertador promulgó un decreto que institucionalizó eficazmente el caudillismo.

En México, la independencia lo proclamó un comandante realista, Agustín de Iturbide, quien en 1822 persuadió a la élite criolla, la iglesia y los militares, para que le aceptaran como “emperador constitucional”. Iturbide tenía todas las características de un caudillo: Era terrateniente, soldado, tenía un carácter personalista y empleaba el patronazgo. Pero México era más turbulento, los debates eran más intensos y la competencia por el poder era más dura, un caudillo difícilmente podía encontrar su espacio político, como lo conseguían en Argentina o Venezuela. Tanto en México como en Perú sus ejércitos eran aparatos militares heredados de España. Sus mandos eran criollos que habían hecho la carrera militar.

Todas estas contradicciones, generaron los conflictos de nacionalidad que ya conocemos, no se pudo estructurar un estado nación auténtico y autónomo. Los caudillos protegían celosamente sus recursos nacionales, tierra y cargos, era su poder. No les interesaba la nación ni el nacionalismo. El sistema perpetuaba el personalismo y retrasaba el proceso de construcción del Estado. Lo que indudablemente no permitió la acumulación de capital nacional, hecho que posibilitó grandemente la penetración económica imperialista extranjera primero inglés luego estadounidense, que subyugaron nuestras economías, preservando el sistema imperante paralelo al desarrollo del capitalismo.

En Síntesis: Los caudillos han pasado a la historia como instrumentos de la división, destructores del orden y enemigos tanto de la sociedad como de ellos mismos.

El dominio de los caudillos paso de ser local a ganar una dimensión nacional y, también a este nivel el poder supremo era personal, no institucional.

El caudillo pronto se adoptó a la sociedad civil y se convirtió en representante de la clase dominante. En algunos casos de una amplia red de influencias de carácter familiar que se apoyaba en las haciendas regionales. A escala nacional surgió el caudillo benefactor que atraían a su clientela política mediante promesas cuando llegaran al poder. Simplemente florida retórica que nunca han cumplido y que dura hasta la actualidad.

En argentina, los caudillos gobernaban dictatorialmente, sin constitución. En Venezuela aparentaba más constitucionalidad y no militar, más organización del Estado con una burocracia más o menos eficiente. En México, había más anarquía social, se instauró un caudillismo más popular y de servicio los más necesitados con el Cura Hidalgo a la cabeza.

Argentina, Venezuela y México, cada uno a su manera demostraron el mismo hecho: la anarquía de guerra, las expectativas de la paz, los desordenes populares, la llamada de socorro al caudillo protector y el consiguiente estado-caudillo, principalmente en Argentina y Venezuela: En México, el bandidaje rural y la rebelión crearon más anarquía que asustó e indignó a la élite mexicana. En otras partes de Hispanoamérica el paso de la anarquía a la seguridad no siguió este modelo necesariamente, los sectores dominantes podían imponer una constitución autoritaria, caso Chile por ejemplo, Colombia y Perú.

jueves 3 de diciembre de 2009

MECÁNICA CUÁNTICA Y LA CONTRADICCIÓN CORPUSCULAR-ONDULATORIA

La contradicción corpuscular-ondulatoria
en la mecánica cuántica

Fragmento del libro Problemas filosóficos de las ciencias contemporáneas
Escrito por nuestros camaradas presos en la cárcel de Soria inmediatamente antes de la dispersión
Publicado en 1989 por la Editorial Contracanto

Desde los comienzos de la física clásica -especialmente de la mecánica-, y más aún durante los dos últimos siglos, se pudo comprobar la importancia de las leyes de la mecánica para el desarrollo de casi toda la teoría y la práctica físicas. Pero a fines del siglo XIX estalló la crisis de la física, teniendo como resultado el rechazo del determinismo clásico -mecánico- y la adopción del concepto de causalidad -en su forma estadística- como imprescindible a la ciencia e inherente al hecho físico. Pero muchos físicos -en general, ajenos a las aportaciones de la dialéctica hegeliana y, más aún, del materialismo dialéctico- interpretaron estos hechos creyendo que se derrumbaba toda objetividad, que en el mundo reinaba la anarquía y que las cosas no obedecían a ninguna ley.

A la creación de este estado psicológico de enfervorizado subjetivismo contribuyó sobremanera el denominado principio de indeterminación de Heisenberg, con el que se puso en entredicho el principio de causalidad, esencial para toda la ciencia (aunque no es justo decir que de este embate de incertidumbre saliera derrotada la causalidad, pues comparando ésta, en su estado actual, con la visión que antiguamente se tenía de ella observamos sin duda progresos evidentes).

De todas maneras, y pese a que se nos quiere hacer creer lo contrario, no ha sido la incertidumbre la principal aportación teórica y práctica de la mecánica cuántica a la física moderna, sino en todo caso, el concepto de discontinuidad, que aparecía arrumbado desde los tiempos de Newton y a pesar de su teoría de las partículas de la luz.

Fue Max Planck quien defendió la idea de los cuantos energéticos, manteniendo que la energía emitida en la radiación del cuerpo negro era discontinua, lo que permitió formular la ley de la radiación que explicaba la catástrofe ultravioleta. Posteriormente, y basado en el postulado de Planck, Einstein dio solución al problema fotoeléctrico. De este modo, la antigua idea filosófica abandonada por la física -la discontinuidad- volvía a entrar por la puerta grande en el campo de las Ciencias Naturales.

Esto supuso un duro golpe para las teorías de la luz que destacaban únicamente el aspecto ondulatorio o continuo (excluyendo el corpuscular). Ahora bien, el carácter ondulatorio de la luz -antiguamente demostrado- acababa de ser refrendado por el electromagnetismo de Maxwell. Se hacía necesario, por lo tanto, lograr una concepción única que incluyera estos dos aspectos contradictorios. No obstante, todo esto resultaba muy chocante con los conceptos predominantes por entonces, cuando hacía estragos entre los hombres de ciencia la novísima concepción positivista con sus diversas variantes, de manera que las contradicciones que se planteaban no sólo no eran resueltas, sino que se complicaban en grado sumo. La dialéctica pugnaba, así, por abrirse paso -una vez más- en la física.

En estas circunstancias Bohr dio un paso adelante, combinando las ideas cuánticas de Planck con el modelo atómico de Rutherford, lo que le permitió aproximarse a una determinación más precisa de la estructura atómica. La teoría de Bohr, basada en el cuanto de Planck y en la teoría de los fotones de Einstein, permitía explicar las principales leyes de la radiación térmica y la espectroscopia. Con estos éxitos, la naturaleza cuántica de la luz y el carácter cuántico de los procesos que tienen lugar en los átomos, se volvieron incontestables: las propiedades de todo lo que nos rodea se manifiestan de forma discontinua, es decir, en cuantos o cantidades discretas. Pero esta discontinuidad, que es sólo un aspecto de la realidad, no debemos absolutizarla. De ahí que el modelo de Bohr sólo fuera verdad en parte, ya que no tenía en cuenta las propiedades ondulatorias de las partículas atómicas, resultado de su propio movimiento e interrelaciones.

A principios de la década de los veinte, cuando comenzó a despuntar la teoría de la mecánica cuántica, De Broglie planteaba que todos los cuerpos emiten en su movimiento ondas de materia, las cuales no necesitan, para propagarse, de ningún medio como el ya olvidado éter. Y aunque estas ondas de materia se mostraban ciertas para los el electrones, años más tarde los físicos postularon la doble esencia corpuscular-ondulatoria para todas las micropartículas. Se comprobó en la práctica que el electrón se comporta tanto como onda, que como partícula. Esta evidencia invalidó hasta cierto punto el modelo atómico de Bohr, pues el carácter ondulatorio del electrón impedía representarlo por órbitas sencillas y planetarias.

La dialéctica entraba de nuevo en la física por la vía de los hechos; pero los físicos aún mantenían un batiburrillo de concepciones idealistas en sus cabezas. El resultado fue una gran confusión y el resurgimiento de las más absurdas teorías positivistas.

Era, pues, necesario unificar en la misma teoría la hipótesis de Planck sobre los cuantos y la de De Broglie sobre las ondas de materia, si es que se quería reflejar los dos aspectos opuestos del mundo de las micropartículas.

Schrödinger y Heisenberg, por separado y de distinta manera, coincidieron en aportar una nueva visión de la física de las micropartículas, naciendo, así, la teoría cuántica. En realidad, no habían hecho otra cosa que continuar por el camino que De Broglie había abierto tratando de modificar la ecuación clásica de la partícula, de tal manera que reflejara, además de las propiedades corpusculares, las ondulatorias.

De la ecuación de Schrödinger se deduce que los electrones sólo se pueden hallar en el átomo en los estados de energía permitida (nubes de probabilidades), estados donde la probabilidad de encontrar el electrón es muy diferente de cero. Por lo tanto, cuando un electrón salta de una órbita a otra, su energía no cambia arbitrariamente, sino en una magnitud exactamente determinada, igual a la diferencia energética que existe entre los dos niveles en que tiene lugar el salto.

Es a partir de este momento cuando comienza realmente el debate en torno a los distintos conceptos que se van acuñando. ¿Es la partícula un corpúsculo o se trata de una onda? A esta pregunta respondían de diferentes maneras. Para unos, los dos aspectos contradictorios se excluían mutuamente, de manera que sólo podían tratarse por separado. Para otros, no se trataba ni de una onda ni de una partícula, sino de una tercera cosa: su síntesis. Por último, también los hay para quienes la partícula desaparece por completo y sólo queda la onda. Nos encontramos incluso con exposiciones verdaderamente graciosas, como el caso del electrón que incide sobre un vidrio azogado al 50 por cien; la pregunta que se plantea a ese supuesto es la siguiente: ¿se irá el corpúsculo por un lado y la onda por otro?

No resulta insólito que se den interpretaciones de este tipo, cuando se elevaron a la categoría de principios ideas como las de complementariedad, de tan triste memoria. O que otros, al tener que enfrentar los dos aspectos de la contradicción, recurran al arte de la prestidigitación para hacer aparecer esa tercera cosa. No debemos perder de vista que la mecánica cuántica, tal como hoy día se la conoce, es la teoría de las leyes de interacción de las partículas que conforman los átomos y, por extensión, de las moléculas y los cristales, aunque aclara muy pocas de las características del núcleo atómico, donde se revela muy débil. La razón de esta debilidad estriba en que la teoría cuántica no considera para nada la naturaleza contradictoria interna de las partículas elementales (como electrones y protones), su régimen de movimiento característico, sus leyes, etc., sino únicamente las manifestaciones exteriores de aquellos procesos internos (la carga eléctrica, la masa gravitatoria, el espín, los tiempos de desintegración, etc.). O sea, que las regularidades exteriores de los procesos innatos y característicos de las partículas elementales en sus manifestaciones recíprocas, junto al rasgo cuántico-discontinuo de estos procesos, es la base natural objetiva que permite levantar el edificio teórico de la mecánica cuántica.

A pesar de ello, la mecánica cuántica supone un avance de extraordinaria importancia en el conocimiento humano de la naturaleza, ya que explica, en lo esencial, los procesos del movimiento atómico y molecular. Se puede decir que la mecánica cuántica es la química de las partículas elementales: ha aclarado el carácter electrónico cuántico de la valencia química, la periodicidad del movimiento atómico, la naturaleza de las fuerzas que originan y conforman los átomos y las moléculas, el movimiento semilibre de los electrones en las estructuras cristalizadas de los metales... Pero no lo explica todo. La física está a punto de dar a luz una nueva teoría que será a la mecánica cuántica lo que ésta es a la química. Esta teoría explicará, sin duda, el carácter y la naturaleza interior de los procesos innatos subyacentes a las partículas elementales que, en su desarrollo, posibilitan sus múltiples transformaciones cualitativas y las propiedades exteriores de interacción que la mecánica cuántica describe.

La objetividad cuántica

Dice M. Ferrero, sobre el núcleo irreductible físico-filosófico de Bohr, Heisenberg, etc., que el precio a pagar para poder declarar a la mecánica cuántica teoría plenamente satisfactoria es simplemente renunciar a una explicación objetiva (porque incluye una referencia a nosotros mismos) y causal (porque aunque la propagación de la ecuación de Schrödinger es causal los resultados no se pueden explicar causalmente) de los fenómenos observados; es renunciar a la noción de realidad de la física clásica (de la cual participan, sin embargo, la mayor parte de los científicos) y relegarla a un segundo plano colocando en el primero el conjunto de nuestras observaciones, de nuestros actos (1).

Es cierto que la mayoría de los científicos y naturalistas aceptan la objetividad del mundo como algo independiente de nuestros actos, de nuestra voluntad. No obstante, cuando se considera la teoría cuántica en versión de la Escuela de Copenhague, todo aparece confuso y oscuro, pues no se sabe bien dónde termina la objetividad y dónde comienza la subjetividad. La imposibilidad teórica de la física cuántica de explicar totalmente los procesos reales que transcurren en las micropartículas conduce a los afiliados al idealismo cuántico de Copenhague a negar la causalidad, la objetividad, la trayectoria de las partículas, etc., ofreciendo a cambio indeterminaciones (que no dejan de estar bien determinadas, cosa paradójica), complementariedades (que en su creencia enfervorizada aplican también a las artes y las letras) y escurridizos observables que dejan confusa a cualquier persona de sano espíritu.

Naturalmente es tentador decir que el electrón debe haber estado en algún lugar entre las dos observaciones -dice Heisenberg- y que... debe haber descrito algún tipo de trayectoria... Aún en el caso de que resulte imposible llegar a conocerlas... esto sería un abuso del lenguaje que no está justificado (2). Abuso del lenguaje -la trayectoria- que resume gráficamente las cualidades más elementales del movimiento: el desplazamiento mecánico. Claro que Heisenberg no nos dice nada de la burla del lenguaje que entraña su interpretación de las relaciones de indeterminación que él mismo acuñó y tradujo a filosofía, y que, presuntuosamente, no justifican aquella trayectoria. Porque si bien reducir el movimiento a una trayectoria no deja de ser, en su abstracción, un abuso, pues se desconsideran otras mil cualidades -y sólo en este sentido-, realmente sí que es una verdadera burla del propio significado de las palabras decir, como hace Landau a tono con Heisenberg, que una partícula no puede encontrarse en un punto determinado del espacio y poseer al mismo tiempo un impulso determinado (3); o, a modo de Dirac: cuando una de las variables q o p esté completamente determinada, la otra estará completamente indeterminada (4) (esta última expresión de Dirac es desde luego más prudente que la de Landau). Y si además admitiesen que esa indeterminación es una imposibilidad inherente a la teoría cuántica, no a la realidad, al objeto, entonces no tendríamos mucho que objetar. Pero no es esto lo que hacen Heisenberg, Landau y Dirac, quienes concibiendo esa indeterminación no como una limitación propia de la teoría sino como una cualidad propia de los objetos, introducen, desde sus cabezas, el subjetivismo en la física.

La trayectoria, como expresión concentrada del desplazamiento mecánico de los cuerpos físicos, existe objetivamente, independientemente de que podamos o no describirla y de que sea recta o sinuosa. Negarla supondría contradecir los principios universales de conservación de la física (momento, energía, etc.), sin excusa por la forma que éstos adopten en el movimiento concreto de una partícula.

Si por el mero hecho de no poder observarla en determinados fenómenos adujéramos que no tiene existencia real, estaríamos obligados a recurrir al mundo de los espíritus para justificar su aparición en cada una de sus observaciones, o, en su defecto, negar la misma existencia de ella. Y no es otra cosa lo que hacen los de Copenhague: se hace una primera observación y sabemos perfectamente dónde se encuentra el electrón; no se hacen observaciones y nadie sabe dónde está, pues podría estar en cualquier lugar; se vuelve a realizar una nueva observación y nadie duda dónde se encuentra. Parece como si el electrón se materializara gracias a nuestra intervención voluntaria, para luego desmaterializarse y difuminarse por el espacio en sus ondas gracias a su libre albedrío. En cada observación, las ondas se dan cita en un punto y aparecen como una partícula superconcentrada; cuando se las deja de observar se derraman en todas direcciones como los hijos de la torre de Babel. Esto es realmente poco serio.

Y es que no se puede salir airosos de la prueba científica cuando únicamente admitimos la existencia de lo observable sensorialmente. Son tantas las cualidades objetivas -tales como espacio, tiempo, movimiento de la luz, etc., etc.- que el hombre no puede experimentar por medio de los sentidos -de aquí la necesidad de la abstracción racional para percatarse de su existencia- que, si despojásemos a nuestro mundo de ellas, éste perdería todo sentido.

El principio de indeterminación de Heisenberg es en sí contradictorio, pero no en el sentido de que refleja las propiedades cinemáticas del movimiento de la partícula, sino por su imposibilidad en lograrlo. Es decir, no se trata de una contradicción inherente al movimiento natural de la partícula, sino una contradicción que está imposibilitada para describir tal movimiento. Y no porque tal movimiento sea indescriptible; al contrario.

En tanto la misma teoría cuántica no niega la determinación de los parámetros o variables del movimiento de la partícula (aunque considerándolos por separado, de manera excluyente o no conmutativa), está admitiendo su existencia objetiva, independiente del aparato con que las midamos.

Si debemos encontrar una explicación al por qué dentro de la teoría cuántica tal movimiento resulta indescriptible, debemos fijarnos, no en la interpretación subjetiva que de esta situación da el idealismo copenhaguiano -que mutila a la Naturaleza de las propiedades objetivas más elementales-, sino en la hipótesis de puntualidad de la partícula, admitida en la teoría cuántica, y que combinada con la hipótesis de discontinuidad de la acción (h) son insuficientes -en el contexto de la causalidad de Schrödinger- para poder penetrar la cualidad contradictoria de aquel movimiento.

En este sentido, tales relaciones de indeterminación, precisamente determinadas como Δx • Δp ~ h, no son más que una expresión negativa, y por tanto insuficiente, de las características del movimiento de cada partícula. Estas características se harán presumiblemente transparentes a nuestro conocimiento cuando se rompa con la hipótesis del carácter puntual de la partícula. Para ello es necesario considerar a la partícula, dentro de la teoría cuántica o bien dentro de una teoría más amplia, en su totalidad contradictoria interna -camino por el que se avanza actualmente-, y no sólo en su discontinuidad y en su conexión con los demás fenómenos y partículas.

Estamos, pues, ante una frontera del conocimiento delimitada por los postulados de partida de la mecánica cuántica, pero no por la materialidad de los microobjetos, porque éstos no imponen ningún límite al conocimiento humano, ya que el único límite que éste tiene es el del carácter histórico de su desarrollo. Para la física clásica resultaba imposible explicar la ley de la radiación porque en ella no tenía cabida la hipótesis de los cuantos de acción; hoy es imposible describir cabalmente la cinemática de la partícula porque no se ha desvelado aún la naturaleza de los procesos internos inherentes a ella -a lo que tanto se oponía Heisenberg-. El principio de indeterminación es, pues, una aproximación burda y muy interesada a la realidad objetiva, ya que no sólo ignora hechos fundamentales sino que, en cuanto se le presenta como una panacea universal, se los esconde.

Al llegar a este punto es preciso apreciar que no solamente se esconden unos hechos que se ignoran, cosa cierta, sino que también se les desconsidera y hasta niega. Y todo para introducir desde fuera las concepciones del idealismo. Veamos: Heisenberg, entonces ayudante mío -dice M. Born-, puso súbitamente fin a este período. Cortó el nudo gordiano con un principio filosófico y sustituyó el método de adivinación por reglas matemáticas. Este principio dice que los conceptos e ideas que no corresponden a hechos físicamente observables, no deben ser utilizados en las descripciones teóricas (5). Y como las órbitas electrónicas del átomo eran inobservables, simplemente se las desechó de la teoría. El nudo, en realidad no se cortó: se le desechó. ¡Cuántas cosas más debieron desechar Heisenberg y Born por inobservables! Pero no, ellos sólo desterraron del mundo unos cuantos estorbos metafísicos, como trayectoria, determinación, causalidad, objeto, etc., y se quedaron agarrados a la tabla de los observables, las experiencias y el conocimiento; realmente, muy poco para salvarse.

Pero dejamos que el mismo Born nos lo explique más claramente: La filosofía subyacente a mi teoría la he revisado todavía durante años y la expuse de forma muy breve en el escrito conmemorativo del sesenta aniversario de Heisenberg. Viene a afirmar que las predicciones científicas no se refieren directamente a la ‘realidad’, sino a nuestro conocimiento de la realidad (6). Como vemos, M. Born, derrotado por las limitaciones de la teoría cuántica -que pudieron más que su fe materialista-, terminó abrazando llanamente el idealismo, refugiándose en Mach. Sí, porque, ¿qué ciencia es esa si no trata directamente de la realidad objetiva? Con ese conocimiento de la realidad Born está encubriendo su empirismo, al considerar únicamente los datos que nos ofrece la realidad objetiva por medio de los aparatos, no la propia realidad objetiva que es lo que realmente interesa a la ciencia. En definitiva, la ciencia debe ocuparse de las sensaciones que nos produce el mundo o, en palabras de Born, las predicciones científicas se refieren a nuestro conocimiento de la realidad. Pero, ¿qué son las predicciones sino una forma de conocimiento que tiene por base las regularidades existentes en el mundo objetivo, no las regularidades de nuestro conocimiento de la realidad? Esto, desde luego, es idealismo subjetivo, más cuando se dice que toda experiencia... ha de poder comunicarse por los medios humanos de expresión y que es sobre esta base como podremos aproximarnos a la cuestión de la unidad del conocimiento (7), como afirma por su parte N. Bohr. Vieja cantinela idealista que Engels criticó a Dühring en su Anti-Dühring y Lenin a Mach en su Materialismo y empiriocriticismo y que sólo admite una contestación materialista para todo aquel que no ponga en duda la objetividad del mundo: la unidad del conocimiento es el reflejo de la unidad del mundo, que se basa en su materialidad. La frase de Bohr de los medios humanos de expresión no nos aclara nada, pues la pregunta pendiente seguiría en pie: ¿Consideran estos medios humanos de expresión que lo primero es el mundo exterior, la materia -como hace el materialismo- o, por contra, que es el conocimiento, como hacen Born, Bohr y el idealismo?

Tampoco es cierto que nuestro conocimiento objetivo dependa para nada de los medios que hemos utilizado para obtenerlo. El conocimiento objetivo, en cuanto se le obtiene como tal, no depende de ningún instrumento, porque entonces no sería objetivo, ni tendría ningún sentido buscarlo; el conocimiento, si se admite esa suposición, sería meramente experiencia y la experiencia de cada uno no tendría nada que ver con la de los demás; es más, mi anterior experiencia no serviría para nada ante cada nueva experiencia y la ciencia no tendría objeto. Esta es la posición de Bohr cuando nos sirve en bandeja de plata la física teórica.

El hecho de que en la física atómica -dice N. Bohr-, donde nos encontramos con regularidades de la mayor exactitud [¡!], sólo pueda alcanzarse una descripción objetiva gracias a incluir en la explicación de los fenómenos una referencia explícita a las condiciones experimentales, subraya de forma nueva la inseparabilidad que existe entre el conocimiento y nuestras posibilidades de inquirirlo (8). Posibilidades de inquirir el conocimiento nunca le han faltado al hombre, es cierto; cada forma concreta de materia siempre nos ha requerido una determinada práctica experimental, unos aparatos, conscientes de que no es lo mismo una reacción química de esterificación que la fisión nuclear. Pero tanto en un caso como en el otro somos conscientes de que el conocimiento adquirido, por su contenido objetivo, es independiente y por lo tanto separable del instrumento, que esterificaciones tenemos no sólo en nuestros tubos de ensayo sino también de distintas maneras en los seres vivos, y que fisiones nucleares tenemos no sólo en las bombas atómicas sino también en las estrellas. Y allí no hay aparatos. El único aparato -si se pudiese hablar así- sería que una parte de la materia condiciona los procesos de la otra parte de la materia.

Del hecho de que en la física atómica las condiciones experimentales -el aparato- deba considerarse por su influencia en lo que se experimenta -las micropartículas-, cuando tal influencia realmente existe (en la física clásica esta consideración es por regla general innecesaria), se desprenden tanto las regularidades de la mayor exactitud de los átomos y partículas, como las regularidades de las condiciones experimentales, pero en ningún momento es lícito concluir que el conocimiento objetivo adquirido de las micropartículas dependa por su inseparabilidad de la medición, o del aparato, sino todo lo contrario. Prueba de ello es la existencia misma de las leyes de la mecánica cuántica, extensibles a todos los microobjetos -en sus aspectos de discontinuidad, interacción, etc.- que permiten predecir y obtener las regularidades y azares de los fenómenos atómicos en las condiciones del experimento que se quieran -en principio-; o sea, extensibles también, y sobre todo, a los fenómenos atómicos en su medio natural, sin aparatos, tales como el movimiento electrónico de los átomos, moléculas, cristales, etc. Dicho de otra manera: la influencia del aparato impone únicamente determinadas condiciones al movimiento natural de las partículas, que están sujetas a ley y que, si bien son inseparables del fenómeno global en sí, son totalmente ajenas a las leyes inherentes a las partículas en su contenido universal.

Es cierto, pues, que el conocimiento objetivo se logra siempre mediante determinadas prácticas científicas; pero estas prácticas no son propiamente el conocimiento objetivo como tal, sino el medio para lograrlo. Cuando el medio influye en el proceso natural objeto de nuestro interés, esto no impide que por multitud de experimentaciones logremos separar -por medio del pensamiento-, de lo que no son más que condiciones digamos artificiales, la naturaleza y las leyes objetivas del proceso que nos interesa, contrariamente a lo que pretenden Bohr, Heisenberg y otros. Salirse de este estricto terreno es caer en los galimatías copenhaguianos que impiden avanzar siquiera un átomo en el esclarecimiento de las dificultades a que se enfrenta la física, de las debilidades de sus planteamientos.

Lo chocante es que, desde pretendidas posiciones del marxismo, un autor soviético, Omelianovski, haga tal mezcolanza de sujeto y objeto, a la luz de la antorcha copenhaguiana, que luego ambos nos resulten irreconocibles. Si se tiene presente que los medios de observación, o los aparatos son peculiares continuaciones de nuestros órganos de los sentidos [así nos regala los oídos Omelianovski] y, al mismo tiempo, como hemos visto al investigar los objetos atómicos, pertenecen en determinado plano al sistema físico observado [sic], todo eso significa que entre lo objetivo y lo subjetivo en una investigación experimental no puede trazarse una delimitación marcada, que no se puede ver la diferencia absoluta entre el objeto cognoscible y el sujeto cognoscente, entre el sistema observado y el aparato. La diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo en el proceso del experimento (observación, medición, experimentación) no es absoluta, excesiva, sino relativa, mutable [sic] a su manera (9). Si no malentendemos las palabras de este físico-filósofo, resulta que lo que ahora y aquí -en el curso de la investigación (con su añadido de experimental no nos salimos para nada de la gnoseología, de la relación que guardan sujeto y objeto en la teoría del conocimiento)- es sujeto, se convierte después y allí en objeto, a su manera. Precisamente en la teoría del conocimiento, como él mismo aclara: En el proceso del conocimiento de la naturaleza, lo objetivo y lo subjetivo no deben contraponerse uno u otro, ni divorciarse uno de otro (10).

Esta sentencia, aunque se quiera hacer desde debajo de la capa protectora del marxismo, no es sino una flagrante tergiversación de sus postulados más fundamentales, y de todo materialismo. Lenin, compatriota de Omelianovski y reconocido materialista, repite hasta la saciedad -recogiendo los argumentos de los clásicos como Diderot, Feuerbach, Marx y Engels, entre otros, y aportando otros nuevos-, en su obra Materialismo y empiriocriticismo, que confundir el sujeto con el objeto significa, en todo caso, impedir que se avance por el camino del conocimiento, ya que es precisamente en el proceso del conocimiento (de la práctica del hombre y la experimentación en general a la teoría, y a la inversa), donde la diferencia entre ambos conceptos es absoluta, y que negar esta diferencia -como mantiene Omelianovski- es pasarse descaradamente al campo del agnosticismo y del machismo.

Únicamente comprendiendo el profundo significado de la separación, la contraposición y la independencia entre lo subjetivo y lo objetivo se podrá avanzar en el conocimiento. Cuando partimos de este requisito fundamental, podemos dilucidar la importancia que tiene la práctica en el proceso del conocimiento, la forma como nos permite elevarnos desde posiciones inferiores a otras superiores, desde la ignorancia hasta el conocimiento, logrando al final de este proceso la unidad entre el contenido de lo subjetivo y la esencia de lo objetivo. Lo objetivo -como lo verdaderamente independiente- va a determinar siempre, desde el principio hasta el fin, el carácter del contenido del conocimiento humano. ¡La unidad sólo se alcanza cuando, por medio de la práctica, el contenido que expresa al sujeto refleja correctamente lo objetivo!

La medición, ese concepto mimado del idealismo físico, es la entelequia gnoseológica de la teoría cuántica copenhaguiana y, por esto mismo, un concepto vacío sin ninguna realidad. La medición, que se admite como postulado básico de la teoría cuántica pese a que luego no se le usa para nada salvo para hacer disquisiciones sin fundamento con ella, no trastoca al sujeto como tal en objeto, ni adultera la subjetividad de las microleyes, ni prepara el estado de los procesos de las partículas... Simplemente encubre y sirve de justificación de la incapacidad crónica de la teoría cuántica de predecir y explicar determinados fenómenos objetivos y que, por esto mismo, reniega de ellos.

Actualmente y frecuentemente no sabemos cómo son, en su totalidad, determinados fenómenos atómicos objetivos; no lo sabemos en el mismo sentido que 2 x 2 = 4 o que los cuerpos se atraen según una ley inversa de los cuadrados. Es tarea del conocimiento aprender a calcular con magnitudes conocidas de manera incompleta, que en ciertos aspectos realiza la teoría cuántica, y ayudar a superar los conocimientos defectuosas pero, en ningún caso, no es tarea suya ignorarlos.

La causalidad cuántica

¿Existe causalidad en los fenómenos que describe la mecánica cuántica? Desde luego, pues desde el momento que admitimos y reconocemos su objetividad, estamos admitiendo la existencia de relaciones, regularidades y determinaciones ajenas a nuestro proceder, que se encuentran al margen y fuera de nuestra actividad voluntaria y son, por tanto, propias de la naturaleza de las micropartículas.

Muchas son las características objetivas de las micropartículas que considera la teoría cuántica. Sin embargo, es necesario sacar de entre ellas las fundamentales, las que aparecen palmariamente, de una manera u otra, en todos los fenómenos, y pueden ser consideradas por esta condición como universales. A nuestro modo de entender, y siempre dentro de lo que considera la teoría cuántica, las podemos resumir en las tres siguientes: 1) El principio de la conservación de la energía; 2) los cuantos de discontinuidad de Planck, y 3) la interacción entre las partículas.
Estos son los rasgos fundamentales que debemos analizar en primer lugar, pues es mediante ellos como se logra describir y predecir todo tipo de fenómenos atómicos y situaciones particulares como, por ejemplo, las colisiones.

De estos rasgos universales sabemos que es el segundo, el postulado de Planck, el que da sentido a la teoría cuántica, pues incluso los otros dos están limitados o, mejor condicionados en sus transformaciones por éste: el cuanto de acción de Planck (h) impregna toda la mecánica cuántica llenándola del contenido de discontinuidad. Ahora bien, el primero, la indestructibilidad del movimiento, es la ley universal que asegura el lazo o nexo entre lo anterior y posterior en esta teoría. Esta conexión, como relación de conservación que es, determina lo que se conserva en cada transformación, estableciéndose por medio de ella el lazo de continuidad del fenómeno, como causalidad, y por lo tanto, en el sentido rígido de este término, es decir, determinista y predecible. Realmente es esto lo más importante que se dice por medio de la ecuación de onda o por la de Schrödinger. Por eso no se equivocan los físicos que mantienen que es en estas ecuaciones donde se encuentra la causalidad en la mecánica cuántica, como reflejo que son de la realidad objetiva de las micropartículas.

De todas maneras, el concepto que permite expresar la relación que existe entre lo anterior y lo posterior en el movimiento de las micropartículas, y que las ecuaciones señaladas anteriormente contiene, es el concepto de función de onda ψ. En él están, pues, impresos tanto los factores universales que se conservan -tales como, por ejemplo, la inercia (m), el cuanto (h), la constante de interacción electromagnética u otra, etc.- como los que cambian espacial y temporalmente. La función de onda describe, pues, en rasgos generales, el discurrir de los cambios y transformaciones que se operan en un sistema físico de micropartículas en sus aspectos espacial y temporal. Quiere esto decir que en la función de onda ψ se sintetizan en cada momento tanto el ritmo de esos cambios, originados por la interacción de las partículas en movimiento -digamos, el carácter ondulatorio del movimiento-, como la distribución espacial de sus efectos, que abarca tanto al carácter corpuscular de las partículas como a la forma momentánea de sus lazos en un determinado momento o, si es éste el caso, a la forma estacionaria que adquieren en determinadas condiciones, cuales son sus estados de equilibrio relativo.

Hay quien afirma que la función de onda ψ carece en absoluto de sentido físico directo (Sachkov), cuando en realidad no es así. No podemos decir, es cierto, que la función de onda ψ admita una definición tal como la de peso o carga eléctrica, pero esto no es óbice para que se le niegue su sentido físico directo. Quitarle este sentido es abrir la puerta a la especulación subjetivista y negar el carácter plenamente objetivo de las relaciones causales de la mecánica cuántica.

Dice Landau: La función de onda determina completamente el estado de un sistema físico en mecánica cuántica. Esto significa que dar esta función para un cierto instante no sólo define todas las propiedades del sistema en el mismo, sino que determina también su comportamiento en los instantes futuros -tan sólo, claro está, hasta el grado de definición que permite en general la mecánica cuántica (11). ¿Qué concepto que no tenga un sentido físico directo y pleno puede determinar completamente el estado de un sistema físico, aun dentro de las limitaciones de la propia teoría? Está claro que si la función de onda ψ está imposibilitada de precisar más, de determinar todos los aspectos del movimiento de las partículas, es porque los postulados de partida de la teoría cuántica se lo impiden; de que si bien estos postulados son suficientes para precisar lo que ya se predice, son en cambio insuficientes para determinarlo todo; que, de lo que carece, no lo necesita para determinar ya hasta el grado en que lo hace, aunque sí para poder precisar el resto de aspectos que se desconsideran. Esta es la única crítica válida que admite la función de onda ψ, por lo demás llena de contenido físico como vimos más arriba.

Es pues, necesario admitir, si no se quiere caer en un galimatías subjetivo-instrumental, que en la nueva física existe, al igual que en la antigua, la determinación como expresión de la relación de causalidad. Si no fuera así no habría teoría cuántica válida, pues desde el momento que no se admitan esas relaciones de causalidad, no habría nada que determinar y la ciencia no tendría objeto.

Sin embargo, las relaciones causa a efecto no se deben ver únicamente en sentido único, es decir, en una sola dirección, más cuando se consideren sistemas donde su unidad contradictoria es su principal cualidad, como por ejemplo el átomo.
Veamos.

Partiendo de la ley de interacción entre ciertas partículas (digamos electrón y protón), consideradas sus inercias (sus masas) y habida cuenta de la discontinuidad de las acciones (cuantos) se determinan desde ahí y por medio de la relación de causalidad de Schrödinger, los niveles energéticos del átomo de hidrógeno, los impulsos orbitales, etc. Es decir, éstos están determinados por aquéllos. Y se puede también decir que son causados, puesto que las mismas consideraciones anteriores permiten determinar, y por tanto predecir, los niveles energéticos, etc., de otros átomos más complejos. Fuera de este contexto no tiene sentido hablar de causas, porque aquellos niveles electrónicos son al mismo tiempo tanto efecto como causa de las características de las partículas. Lo contrario nos obligaría a admitir que la discontinuidad cuántica (h), por ejemplo, se le impone desde fuera al electrón, cuando en realidad es una cualidad inherente a cada partícula: la discontinuidad no es solamente una característica de la energía en general, sino que se trata de una de las características de la energía de las partículas y de su interacción también. Luego, ¿cuál es la causa y cuál es el efecto?

La relación causa a efecto carece de sentido cuando se la saca del reducido contexto de su aplicación. Así, cuando a determinado conjunto de partículas le imponemos, aparentemente desde fuera, el postulado de Planck o el principio de conservación de la energía, en realidad lo que estamos haciendo es imponiendo a ellas otras característica, que también son suyas, propias, inherentes, por las que cada partícula es no sólo masa, sino también interacción, discontinuidad, movimiento. Es decir, completamos aparentemente desde fuera el cuadro de lo que es cada cosa considerándola así en su globalidad (hasta cierto límite). Y sólo cuando se completa este cuadro aparece ante nuestra vista lo que estaba oculto para nosotros, lo que se ocultaba al pensamiento: unos factores como causas y otros como efectos. No se puede decir que los cuantos se introducen porque son una propiedad de la energía, tomada ésta en abstracto y como separada de la materia, pues aquellos son una característica de la materia en general ya que la energía lo es siempre de algo, y por tanto, es este algo quien posee aquella propiedad.

Sólo por esta razón es lícito decir, y dentro de este contexto de la teoría cuántica, que las causas de la existencia de los diferentes estados atómicos (infinitos en potencia) son el carácter universal de la discontinuidad, la universalidad de la interacción y el carácter puntual-inercial o corpuscular de la materia, pues ellos son suficientes, en general, para explicar los casos atómicos particulares. Podemos afirmar, por lo tanto, pero solamente en este contexto, que de unas leyes universales obtenemos, en base a la causalidad cuántica, las leyes particulares de los átomos, etc. Es decir, lo universal aparece como causa, lo particular como efecto. Y en la medida en que estos universales se desbrozan, para cada condición concreta, en infinitos efectos particulares, aparece la probabilidad y la estadística. Estas últimas son, pues, necesarias, determinadas en general como leyes de distribución, leyes que son los resúmenes de aquellas determinaciones generales.

El conjunto de todos estos efectos del movimiento atómico se podrá estrechar más, es decir, hacer más precisas las rutas que van desde las causas universales a los efectos particulares, cuando sea posible precisar aún más las causas, concretarlas hasta el extremo de todas sus particularidades. Si la relación de causalidad cuántica se logra establecer de causas particulares a efectos particulares por medio de sus leyes universales, entonces será posible precisar cada estado estacionario no como una situación límite, sino como un proceso, el movimiento como una trayectoria, el salto cuántico en su desarrollo, etc. Todo esto no impedirá que el fenómeno se pueda seguir explicando a la manera que lo hace la teoría cuántica, mientras las condiciones de existencia y producción de tal fenómeno en la práctica no se delimiten más precisamente; ahora bien, se avanzará en cuanto a que cada evento se podrá explicar simultáneamente como un proceso dentro del proceso general del fenómeno. Así, en la mecánica clásica, se trata de causas particulares completas que determinan efectos particulares en su totalidad sobre la base de determinadas leyes generales. De esta manera se predice el proceso mecánico en su continuidad.

En la mecánica cuántica, en cambio, no se conocen los procesos en su totalidad, por lo que se pueden predecir los estados estacionarios en general, pero no los motivos concretos que originan los diferentes procesos de transición de unos estados a otros. Queremos decir que no se conoce el proceso como tal, con todas sus implicaciones múltiples y colaterales, sino únicamente los momentos de partida y llegada, permaneciendo todos los intermedios ignorados, de los que cuanto más se puede señalar es que se ajustan a ciertos balances de energía, etc.

La teoría cuántica está, pues, imposibilitada de precisar más, no porque la Naturaleza se lo imponga, sino porque hasta ahora pasan desapercibidos, se ignoran o desconsideran determinados rasgos peculiares de las micropartículas. A esto se resume toda la polémica sobre la indeterminación, la falta de causalidad, etc.

Estos rasgos peculiares se refieren a que las partículas actúan de cierta manera independiente, pero no desligadas de las demás, sino dentro de ese nexo como individualidades. De aquí que aquellas causas fundamentales (universales) sean más bien el reflejo exterior de lo que realmente sucede en el seno de cada micropartícula como un todo, por lo que los efectos exteriores aparecen de esta manera, en su diversidad, como azarosos; mientras ese seno no se vislumbre del todo, las consecuencias del movimiento se presentarán como una cuestión de libre arbitrio del electrón. Y efectivamente el electrón tiene libre arbitrio, pero no para hacer lo que imaginariamente le plazca, sino que en la situación actual en que se encuentra nuestro conocimiento no podemos aún comprender en qué consiste ese su verdadero arbitrio.

No se trata, pues, de buscar causas y efectos en forma unilateral, fragmentaria e incompleta, sino de encontrar la universalidad y el carácter omnienvolvente de la interconexión del mundo (12). Podríamos decir con Hegel, y como bien recoge Engels, que las verdaderas causas son la acción recíproca. Claro que esta reciprocidad no se puede ver solamente desde fuera, es necesario al mismo tiempo verla desde dentro; es decir, apreciar sus aspectos tanto internos como externos. O sea, en la medida en que cada causa tomada aisladamente se realiza en su efecto, y éste, por contra, por su nexo y relación -interacción- actúa sobre la primera, no estamos considerando ya necesidades y causalidades sino verdaderas contradicciones que en sus aspectos de unidad (la individualidad de la micropartícula o/y del sistema por ellas formado) y de lucha (el movimiento y los cambios que en ellas se operan) consideran al fenómeno en su totalidad.

El principio de necesidad o causalidad se revela entonces por la existencia de contradicciones y nexos internos en los microprocesos, a través de los cuales actúan las causas externas (contradicciones externas). Si los microprocesos careciesen de estructura, las velocidades de interacción tendrían que transcurrir a velocidad infinita, que es lo mismo que decir que no transcurrirían. Si no existiesen contradicciones y nexos internos, las partículas no podrían transformarse las unas en las otras, ni absorber ni radiar ningún tipo de materia, con lo que, a la postre, tendríamos que admitir que tampoco existirían los nexos externos. Pero esto contradice toda la práctica científica de la humanidad.

Función de onda y causalidad

Vimos antes que el concepto que unía lo anterior a lo posterior en la física cuántica era el de función de onda ψ, la cual determina el comportamiento del sistema en cada instante hasta donde lo permite, claro está, la teoría cuántica, como bien decía Landau. Comprobamos también cómo esta determinación se refiere a los rasgos más generales del sistema, como la indestructibilidad del movimiento, aunque ciertos rasgos particulares -pese a estar subsumidos en esa determinación- sólo era posible precisarlos dentro de ciertos límites (como la trayectoria).

Estos dos aspectos necesarios de la determinación cuántica nos revelan las dos características contradictorias de la función de onda ψ: una determinación unívoca para los rasgos más generales (estados estacionarios del sistema) y una determinación múltiple para los rasgos más particulares del movimiento (dentro y fuera de aquellos estados). De los primeros rasgos podemos decir que están fijados en su unicidad y son por tanto predecibles en todo momento; de los segundos, en cuanto están fijados en su multiplicidad, son predecibles en todo momento por esta cualidad, pero impredecibles para cada uno de los componentes de esa multiplicidad; o mejor, son predecibles en su distribución espacial y temporal, y probables para cada caso particular espacial y temporal. Tenemos por lo tanto valores tanto fijos como azarosos, que vienen ambos de la mano de la función de onda ψ y están necesariamente determinados por las regularidades de las micropartículas, unas perfectamente conocidas y que atañen más a sus aspectos externos, y otras menos conocidas y que atañen más al ser íntimo de las partículas, a sus procesos internos. La casualidad es, pues, una propiedad objetiva de las micropartículas, independiente de si realizamos o no una medición con aparatos artificiales, de si se trata de una o más partículas y de la información que poseemos sobre los estados. Detengámonos ahora a analizar más detenidamente estas cuestiones.

Hoy está generalmente admitido que la función de onda que describe el estado de un sistema, es una amplitud de probabilidad. Por ejemplo, la función de onda espacial que describe el estado de un electrón es una función compleja, cuyo módulo al cuadrado da la probabilidad de presencia del electrón en cualquier región del espacio. Esto presupone que, según la teoría cuántica, no está fijada la posición del electrón en cada instante, sino sólo la probabilidad de cada una de sus posibles posiciones (13).

Pero, ¿qué dice realmente tal probabilidad? Son variadas las respuestas que se han dado a esta pregunta que traemos ahora a colación por su importancia filosófica; nos centraremos en las tres que consideramos más sobresalientes: la de Copenhague, que podemos llamar instrumental; la de Einstein y otros o determinista, y la imperante en los círculos filosóficos de la URSS o dual.

Los seguidores de la Escuela de Copenhague, en la medida en que niegan la objetividad de las regularidades de las micropartículas, atribuyen todos los hechos al azar instrumental. N.Bohr dice que la interacción electrón-aparato hace imperativo recurrir a un modo estadístico de descripción (14) en lo que se refiere a la previsión individual de los efectos cuánticos -por tanto, también a los colectivos-, estableciendo de esta manera que las propiedades estadísticas de las partículas no son propias de la interacción de las partículas entre sí, sino de esa interacción partícula-aparato. Por otro lado, Max Born, que fue quien primero postuló el carácter estadístico de las micropartículas, pensaba que los conocimientos estadísticos logrados por la teoría cuántica eran los únicos que podía alcanzar el hombre, creyendo además que ellos no se referían directamente a la realidad objetiva, sino, en todo caso, a nuestro conocimiento de la realidad. Esta separación excluyente de la realidad, por un lado, de nuestro conocimiento de la realidad, por el otro, que N. Bohr acuñó como complementariedad, tiene -entre otras- la cualidad de atribuir al electrón (o a cualquier partícula) el privilegio del libre albedrío. Como vemos, los copenhaguianos no niegan la existencia del azar o casualidad, pero no lo admiten como una cualidad objetiva inherente al mundo objetivo, sino que lo aceptan como obra del conocimiento instrumental del mundo, del aparato. De esta manera, su concepción del azar es meramente contingente, fortuita, es un azar completamente accidental, pues han borrado de él todo rastro de necesidad, como si ambas cosas fueran mutuamente excluyentes, al igual que hacen con los demás conceptos formulados por ellos: relación de indeterminación, complementariedad, etc.

Junto a la idea de exclusión contenida en la ley de complementariedad, introduce N. Bohr la idea de irreversibilidad. Para él, la observación de un fenómeno individual es irreversible, bien porque una nueva observación produciría un resultado diferente, o porque la misma observación altera ya el movimiento de la partícula. Pero esto es esconder el árbol con una hoja: en su repetición individual, los resultados obtenidos en la experimentación se hacen reversibles, ya que las distribuciones estadísticas son siempre las mismas para idéntico fenómeno. Por ejemplo, en el diagrama de difracción obtenido por el impacto de electrones que atraviesan una rendija, cada electrón de por sí que hace blanco en la placa se puede considerar como el resultado de un proceso azaroso que explica por sí mismo las regularidades de la interacción del electrón por separado con el diafragma; pero todo el fenómeno originará siempre la misma figura, prueba de que aquella interacción está sujeta a ley determinada que adquiere la forma de azar determinado. El azar, para la dialéctica, siempre ha sido la forma en que se presenta la necesidad.

En la línea de Bohr se encontraba también el físico soviético Fock. En mecánica cuántica -dice Fock- la función de onda no describe el estado en su sentido usual, sino más bien la información sobre el estado (15). Con este galimatías subjetivista se pretendía ignorar cuál era realmente la fuente originaria de esa información, de la que careceríamos si no existiesen los átomos. Nikolski, en la polémica entablada entonces en la URSS en la década de los 30, se apercibió del trasfondo que había en esta cuestión, del alcance que tenía la interpretación estadística, y así, dando un giro completo al anterior enunciado de Fock, concibió la probabilidad como una cualidad inherente a la naturaleza, quedando al descubierto tras aquel debate las raíces machistas de la interpretación de Copenhague.

Como consecuencia, Fock corrigió sus ideas y reprochó a Bohr la infravaloración que hacía del papel de la abstracción en el conocimiento y que olvidase que el objeto de estudio en la mecánica cuántica son las propiedades del movimiento de las micropartículas, no las indicaciones de los instrumentos, que son simplemente la herramienta de trabajo.

La postura de Nikolski fue generalmente aceptada por los físicos de la URSS, aunque aún seguía en pie una pregunta: la estadística, ¿describe realmente las principales características del movimiento de la partícula individual o, por el contrario, del conjunto de partículas?

La Escuela de Copenhague admitía, desde el idealismo subjetivo de sus planteamientos, que la estadística eran propiedades de las partículas individuales porque eran observables en el aparato. Einstein y otros como Blojintsev defendían, desde las posiciones del materialismo no dialéctico, que la estadística cuántica era, como en la antigua teoría cinética de los gases, propiedades del conjunto de partículas porque se aferraban a la idea del determinismo mecanicista.

Einstein, sobre todos, negaba la naturaleza objetiva del azar, atribuyendo su existencia en la cabeza del hombre a razones de ignorancia de los fenómenos. Así, en carta a M. Born, escribía: Eso de la causalidad también me preocupa a mí bastante. ¿Podrá llegarse a explicar algún día la absorción y emisión de la luz por cuantos dentro de un postulado de causalidad total o quedará siempre un resto estadístico? Debo confesar que para ello me falta el valor de la convicción. Renunciaría de muy mala gana a la causalidad absoluta (16).

Pese a lo que pensaba Einstein, la causalidad no se riñe con el azar y la estadística. La causalidad absoluta no existe; la causalidad es siempre relativa, pues está constreñida al momento o al instante de la contradicción. Sólo tiene sentido dentro de este estrecho marco; admitir la causalidad absoluta sería razonar al modo de Tomás de Aquino, buscando una primera causa, o al modo de Laplace, que solamente presupone cambios cuantitativos en la Naturaleza e ignora los infinitos cambios cualitativos. Se hace imperativo comprender que casualidad y causalidad se dan la mano y viven juntas en las leyes del azar, y que de lo que se trata es de buscar estas leyes cuya expresión es el resumen de la multiplicidad de posibilidades de un determinado fenómeno.

La versión de algunos filósofos soviéticos está realmente más próxima a la verdad. Azar y necesidad, dicen, tienen naturaleza objetiva. Pero debemos reprocharles que esa objetividad existe en la unidad que ambos mantienen, no en su separación artificiosa. Sea porque están encandilados por alguna variante positivista, sea porque no comprenden del todo el materialismo dialéctico (aun adhiriéndose a él), hay que decir que contraponen ambos conceptos de manera metafísica. En este sentido, se puede decir que la posición de algunos filósofos soviéticos es el resumen más avanzado de dualismo que existe en la actualidad.

La Enciclopedia Soviética atribuye al azar causas exclusivamente externas, de manera que los procesos de tipo determinista no tendrían, en lo esencial, nada que ver con el azar. Esta es la posición dual: de un lado colocan la necesidad y del otro al azar, resultando este último un mero accidente innecesario. Yuri Sachkov critica esta posición errónea y dice: La interpretación de la casualidad como categoría que define los rasgos exteriores y secundarios de los procesos en investigación dista mucho de ser suficiente (17). Esta es la distancia que intenta salvar este mismo autor, ya que su interés se centra en atribuir causas internas al azar; pero su defensa del azar es desde luego muy débil, pues argumenta más con la fe que tiene puesta en la necesidad de la estadística y las probabilidades, que con una concepción dialéctica del azar y la necesidad. Por esta razón, a mitad de camino tuerce la dirección inicial para terminar al final pidiendo socorro a la irracionalidad. Pero dejémonos guiar por sus disquisiciones.

Comienza Y. Sachkov defendiendo en su artículo que, efectivamente: Las ideas y los métodos probabilísticos de investigación en la ciencia contemporánea revisten carácter de principios, aduciendo para ello la influencia decisiva de la física estadística, la teoría cuántica, la genética, la cibernética y las investigaciones sociológicas, pero no dando ninguna otra razón de peso que nos explique por qué esos métodos son innatos a esas ciencias, salvo que, válganos Dios, las representaciones probabilísticas hacen más flexibles y movibles las formas teóricas que expresan y reflejan los conocimientos. ¡Como si por la aceptación común de los métodos probabilísticos que, según parece, flexibilizan y movilizan nuestro conocimiento, se demostrara su carácter de principio!

Pero, aunque esperábamos que él nos diera esos argumentos de peso que demostrarían ese carácter de principio de los métodos probabilísticos (pues pensamos, como él mismo dice, que se trata de su relación con la categoría dialéctica de casualidad cuya universalidad está archidemostrada), no acierta a pasar de generalidades como la de que la teoría de probabilidades está en la vía maestra del desarrollo de las ideas y representaciones generalizadoras de las ciencias naturales contemporáneas, sin aclararnos tampoco en qué se fundamenta esa relación de tanta importancia que guardan probabilidades y causalidad.

Y. Sachkov, metido de lleno ya en el análisis de la vieja concepción estadística que presupone la teoría cinética de los gases, dice: Se denomina aleatorias a las relaciones entre objetos, acontecimientos o elementos del conjunto, cuando los nexos y dependencias directos, inmediatos, entre los elementos, que se condicionan mutuamente, están prácticamente ausentes [sic] y desempeñan insignificante papel. La independencia significa que el estado o el comportamiento del objeto de investigación no depende y no se define por el estado y el comportamiento de otros objetos que le son ‘afines’ o que lo rodean, añadiendo que esto se aplica a sistemas con gran número de objetos y que expresa determinada estructura aunque, termina diciendo, dependen de las condiciones de su existencia y origen. ¿Cómo se puede entonces explicar la existencia en estos sistemas de una función de distribución (que no es sino la ley objetiva macroscópica característica de él), si no se hace sobre la base de esos nexos y dependencias mutuas de los objetos y de sus condiciones de existencia y origen?

La definición que da Y. Sachkov de aleatoriedad es un sofisma; es más, un sofisma vacío. Llama aleatorias a las relaciones entre objetos, cuando los nexos entre los elementos están ausentes. ¿Es esto posible? Relaciones sin nexos: o relaciones sin relaciones. Realmente nos produce sonrojo oír estos absurdos.

No vamos aquí a detallar los nexos necesarios que condicionan mutuamente el movimiento de las moléculas de un gas. Bástenos mencionar que la mera y elemental hipótesis de los choques elásticos ya establece la existencia de una relación que se expresa por medio de la conservación de la cantidad de movimiento de las partículas del gas. ¿No es éste un nexo directo, inmediato e incondicional? Para Sachkov se ve que no.

Pese a que luego corrija su desafortunada expresión de aleatoriedad afirmando que: Por medio de las distribuciones se describen los elementos, su interrelación o los sistemas en conjunto, y aderece esta sentencia realista con juramentos de fe dialéctica como que: Las distribuciones expresan la unidad de lo continuo y lo discontinuo, la síntesis de los aspectos integral y diferencial, etc., esto no evita que su concepción de la categoría de casualidad resulte, a todas vistas, insustancial.

Contradiciéndose aquí y acullá, pues éste es el sino permanente de su artículo, ora afirmando la interrelación, otrora negándola, Sachkov degrada el concepto de casualidad a la categoría de la nada. Si al menos se hubiese mantenido fiel a lo que decía en un artículo suyo anterior, donde mantenía que las ideas de casualidad se usan para definir la relación de las moléculas entre sí, es decir, para definir su estructura interna (18), el porvenir de su idea de casualidad hubiera sido, desde luego, otro muy diferente. En este caso, se hubiera aproximado a la concepción dialéctica de la casualidad, según la cual, lo accidental tiene una causa porque es accidental, y de la misma manera carece de causa porque es accidental; que lo accidental es necesario, que la necesidad se determina como casualidad, y, por otro lado, que esta casualidad es más bien necesidad absoluta (19), proposiciones a las que se suele hacer caso omiso por considerarlas juegos paradójicos o tonterías contradictorias.

Con este embrollo de ideas sobre lo aleatorio aborda luego nuestro autor el problema de la estadística cuántica. Pero, igual que antes, abunda en frases rimbombantes sobre los métodos probabilísticos, carentes de contenido alguno, pues su enfoque del problema es idéntico. Que si la función de onda ψ no tiene sentido físico alguno, que si únicamente su conexión con la probabilidad es lo que permitió comunicarle profundo sentido real, para terminar manteniendo -remedando a Mandelshtan- que para determinar la colectividad micromecánica a que se refiere la función basta señalar (fijar) los parámetros macroscópicos, con lo que acaba defendiendo lo que en un principio comenzó criticando, la posición de la Enciclopedia Soviética de que las causas (contradicciones) externas, las condiciones, son el origen del azar. ¡Mucho camino recorrido y mucho esfuerzo derrochado para llegar al mismo lugar!
En las interpretaciones de la teoría cuántica, y relacionado con la probabilidad, se usa también la idea de posibilidad. Dice Fock: Esa distribución de las probabilidades refleja posibilidades potenciales, objetivamente existentes en las condiciones dadas (20). Sachkov, que le cita sin entenderle, repone: El paso de la posibilidad a la realidad, en caso general, reviste ciertos grados de irracionalidad [sic], lo que en cierta medida es afín al paso entre dos puntos en el eje numérico. O sea, lo que según Engels y todos los dialécticos es una contradicción (el desplazamiento), es para Sachkov irracional. ¡La contradicción irracional! Media muy poco para que a continuación se califique a la dialéctica de mística; y esto por un dialéctico.

Los métodos probabilísticos no sirven solamente para describir las innumerables posibilidades que se le presentan a las micropartículas en su interacción mutua, pues en ellas siempre hay determinadas regularidades con determinados valores de repetición. Son estas regularidades, con sus distintas frecuencias de aparición, la huella que delata, tras su aparición accidental, la existencia de regularidades profundas en las partículas, que son al fin y al cabo quienes ocasionan las primeras.

La anterior cita de Fock de las probabilidades como posibilidades potenciales (las posibilidades siempre son potenciales) objetivamente existentes centra la cuestión. No se trata, pues, de la posibilidad de lo que no existe objetivamente, sino de lo que ya es real. La función de onda ψ o de distribución de probabilidades, deducida de los postulados universales de la teoría cuántica (discontinuidad, interacción, etc.) y de las condiciones particulares del sistema concreto, señala todas las posibilidades objetivamente existentes para las micropartículas. El paso de la posibilidad a la realidad no reviste, como diría Sachkov, rasgos de irracionalidad, sino rasgos de desarrollo. Efectivamente, cada una de esas posibilidades no son sino momentos particulares diferentes del mismo sistema, que en su desarrollo completo multidireccional desbroza el conjunto de todas sus posibilidades. Lo que cae fuera de este conjunto es lo imposible, lo que no existe, y el conjunto en su totalidad lo realmente existente. La esencia del conocimiento dialéctico de las micropartículas exige que el conjunto de los diferentes momentos de realidad tomados en su totalidad se despliegue por el desarrollo que resulta del movimiento de sus contradicciones tanto internas como externas. Ésta es la verdadera necesidad de las partículas, del sistema, mientras que cada uno de aquellos momentos es simplemente la probabilidad. Ambos conceptos son inseparables en su movimiento: la necesidad como el todo, la posibilidad o probabilidad como el instante. La profunda versatilidad de las transiciones atómicas, por ejemplo, revela la faceta multidireccional de los cambios atómicos, cómo una mera transición electrónica sólo se puede realizar -y comprender- en conexión con la situación global del átomo, y cómo esa posibilidad ya realizada posibilita la realización de las demás, dejando a su paso la huella del azar, como expresión concentrada de la necesidad realizada.

De aquí que la necesidad se determine por la casualidad y que el azar tenga unas causas. Es decir, en todo proceso coexisten a la vez necesidad y casualidad en contradicción permanente. Ahora bien, allí donde el azar es algo patente, éste no aparece siempre en la misma dirección, pues en este caso estaríamos ante el determinismo puro. La presencia del azar acontece en direcciones opuestas de manera tal que un suceso acaecido en cierta dirección resulta siempre compensado por otro en dirección contraria, no sucediendo éste, necesariamente, inmediatamente después de aquél. Esta es la dialéctica propia del azar como tal. Y es esta misma la manera como se correlacionan azar y necesidad, como lo demuestran las leyes de distribución estadística y de los grandes números que la práctica de las diversas ramas científicas se ha encargado de comprobar.

El genuino sentido que adquieren las probabilidades en las diferentes ciencias viene de la mano de las leyes objetivas que las subyacen y explican. Sin esta condición, las probabilidades tanto aclaran como oscurecen, más cuando se consideran aisladamente y como si fueran lo esencial. De aquí que la metodología estadística por sí misma no aporte nada sustancial al esclarecimiento de los problemas de principio de las ciencias. La práctica de la experimentación científica es la fragua donde se decide si las hipótesis estadísticas formuladas en cada caso particular tienen visos de realidad o son una mera ficción.

¿Dualismo o contradicción?

La complementariedad de Bohr se usa, además de para interpretar la relación entre micro-objeto y aparato, según la Escuela de Copenhague, para definir la relación entre clases de conceptos complementarios que se excluyen recíprocamente. Así, coordenadas e impulsos, espacio-tiempo y causalidad, corpúsculo y onda, etc., serían conceptos complementarios necesarios para describir el fenómeno, pero con la restricción de que cada miembro de la pareja excluye al otro en la descripción. O, como expresa Omelianovski, tenemos derecho a hacer dos afirmaciones que se excluyen recíprocamente con referencia a un solo objeto atómico aisladamente considerado (21), aseverando que esta concepción se basa en la dialéctica. Mas, ¿qué dialéctica puede ser esa que excluye de manera absoluta diferentes aspectos de los objetos imposibilitando su conjugación unitaria en un todo?

Para justificar esta postura dualista aluden a la imposibilidad que existe, avalada por el principio de complementariedad, de obtener mediante una medición todas las características objetivas de los microfenómenos. Lo que resulta un obstáculo para el pensamiento, y por lo mismo un reto al conocimiento humano, cual es el lograr una descripción total del fenómeno en su totalidad estableciendo las relaciones contradictorias que mantienen los diferentes aspectos del mismo, lo vadean separando a priori lo que aun estando unido en la realidad resulta dificultoso obtenerlo simultáneamente en el aparato, por lo que optan por separarlo también en el objeto mediante el conocimiento. Esta combinación mecánica y dual de cualidades contradictorias objetivamente existentes en las partículas no resuelve el problema de su conocimiento, sino que lo desvía de su solución correcta por el pensamiento. Desviación que llevó a Heisenberg a las posiciones del idealismo platónico más vacío, negando incluso la existencia de estructura en las micropartículas, y a Bohr a convertir el principio de complementariedad en la herramienta heurística del positivismo moderno.

El físico y filósofo soviético Omelianovski expone de la siguiente manera la contradicción (ya que, según afirma, se trata de dialéctica) corpuscular-ondulatoria de las partículas atómicas: Supongamos que un haz de electrones atraviesa un retículo cristalino que permite observar un cuadro difraccional formado por los electrones; respecto a este medio de observación se manifiesta el aspecto ondulatorio del desplazamiento de electrones, o sea, al margen de esta relación no tiene sentido el concepto de propiedades ondulatorias del electrón. Supongamos que en una placa fotográfica se determinan... los lugares a que dan los electrones; en relación a este medio de observación se manifiesta el aspecto corpuscular del movimiento de electrones, o sea, al margen de esta relación no tiene sentido el concepto de propiedades corpusculares del electrón (22).

Como se ve, Omelianovski nos dice que cuando el electrón manifiesta propiedades ondulatorias es porque tiene propiedades ondulatorias, y que en esta relación no tiene sentido el concepto de propiedades corpusculares, etc., y nos quiere presentar esta bagatela como expresión de la más pura dialéctica. Sería, desde luego, más sencillo y correcto decir que los electrones poseen tanto propiedades corpusculares como ondulatorias, y que cuando atraviesan un retículo cristalino se difractan debido a que éste interfiere con sus propiedades ondulatorias, desviándolos y determinando sus impactos, como corpúsculos que son, en una placa fotográfica. Ambas propiedades son inseparables de cada electrón, no sólo del conjunto, y existen en él en todo momento, unas manifestando su individualidad concreta, las otras manifestando cierta cualidad de su interacción. En ningún momento se puede presentar al electrón solamente como un corpúsculo, porque su interacción es una propiedad esencial de su existencia; ni tampoco se le puede presentar solamente como una onda, porque la onda es generada en todo momento desde el corpúsculo y debe a él su existencia. En este sentido, el carácter corpuscular del electrón se destaca siempre como lo principal en esta contradicción, pues la onda es la consecuencia necesaria de su movimiento como tal corpúsculo. Y como el movimiento es una propiedad inherente a la naturaleza del electrón, ambos, corpúsculo y onda, coexisten inseparables en su movimiento, uno como fundamento, el otro como expresión. El ejemplo de Omelianovski, más que dialéctica, parece el juego fútil de palabras con que se describe las andanzas de un fantasma de dos caras: si tiramos una moneda al aire y sale cara, observamos que se manifiesta la cara de la moneda, pero en este sentido no podemos hablar de su cruz, etc. O sea, la moneda tiene cara cuando sale cara, y cruz cuando sale cruz; idéntica posición a la del idealismo instrumental copenhaguiano: las propiedades del electrón sólo existen cuando se las observa, y como resulta dificultoso observarlas simultáneamente, aquellas propiedades sólo existen separadas, de manera que cuando observamos unas es que las otras se han escurrido no se sabe bien a dónde.

El conocido Diccionario de Filosofía de M.M. Rosenthal y P. F. Iudin define el dualismo como la tentativa de conciliar materialismo e idealismo, concluyendo que la separación dualista de materia y conciencia conduce en última instancia al idealismo. El materialismo dialéctico resolvió el problema de la relación entre materia y conciencia demostrando que la separación dialéctica entre ambas sólo tiene significado dentro del estrecho marco de la teoría del conocimiento, y que fuera de ella la relatividad de esa separación no admite discusión, pues todo lo existente queda englobado en el concepto de materia y como tal debe considerarse la conciencia.

Refiriéndose al dualismo corpuscular-ondulatorio, el mismo Diccionario dice: La interpretación consecuentemente materialista del dualismo corpuscular-ondulatorio, tal como la han formulado Langevin, Vavilov y otros hombres de ciencia, considera que la micropartícula no es un corpúsculo ni una onda, sino una tercera cosa, su síntesis, para la cual carecemos aún de representaciones evidentes si bien ya empiezan a proporcionarlas las nuevas teorías sobre las partículas ‘elementales’ (pg.128). La crítica acertada que el Diccionario hace del dualismo no resulta merecida cuando considera el carácter corpuscular-ondulatorio de las micropartículas. Recurrir a una tercera cosa, o a su síntesis, no resuelve el problema de la relación contradictoria corpuscular-ondulatoria, que es de lo que se trata. No es que no sea ni una onda ni un corpúsculo, sino que, en cuanto corpúsculo con propiedades ondulatorias, y en tanto onda, de una onda con propiedades corpusculares (centrales). Es pues un corpúsculo y una onda, y cada uno de estos aspectos es -en sí mismo- esta unidad, y sólo lo es (empleando una expresión de Hegel) como superación de sí mismo, en la que ninguno tiene respecto del otro la ventaja del ser en sí y de la existencia independiente de su contrario.

El concepto de ondas de materia, debido a De Broglie, plantea la cuestión en términos bastante justos. La pregunta, ¿de dónde surgen las propiedades ondulatorias del electrón?, debe ser contestada ateniéndonos a las propiedades de interacción de las partículas. Cada partícula, tenga o no carga eléctrica (electrón, neutrón, etc.), debe -en su movimiento relativo respecto de las otras partículas- modificar necesariamente la forma que adquiere el flujo y reflujo de su materia de interacción en su desplazamiento que, por lo que se sabe, se mueve a la velocidad de la luz. ¿Qué otra cosa que no fuese materia podría transmitir las influencias recíprocas entre las diversas partículas? Las ondas, desde esta perspectiva, se presentan fundamentalmente como la disposición que adopta el movimiento de la materia de interacción. Las ondas siempre representan las características periódicas del movimiento de algo, incluso en el caso límite de los fotones. De aquí que sea lícito extender las ondas de De Broglie al movimiento de todo tipo de materia, pues éstas se encuentran en interacción. Así, las ondas de materia serían una característica no sólo de las micropartículas cargadas o neutras, como está demostrado, sino además de todos los cuerpos u objetos mayores como, por ejemplo, los astros. En este sentido, su extensión a la interacción gravitatoria está más que justificada e incluso para el caso de partículas sin carga que interaccionen entre sí, como los neutrones. Y esta suposición nos revela de nuevo que, en tanto la materia de interacción electromagnética (fotones) está también sujeta a esta norma, la gravitación es más elemental que el electromagnetismo, estando obligada por ello a señalarle el cauce de su movimiento.

De todo lo expuesto hasta aquí, se desprende que el rasgo más profundo de la relación corpuscular-ondulatoria no se encuentra en su separabilidad complementaria, sino en su unidad contradictoria, no en una tercera cosa, sino más bien en la contradicción mantenida entre ambos aspectos, entre la materia de interacción y la sustancia corpuscular; o, para ser más precisos, entre los procesos in situ que discurren en el interior de los corpúsculos y la necesaria interacción que los conecta recíprocamente. La diferencia más destacada entre estos dos tipos de materia reside en que la materia corpuscular como tal, en su individualidad organizada, jamás alcanzará la velocidad absoluta, mientras que esta última es la esencia del movimiento de la materia de interacción. Estos dos contrarios polares presentes en cada partícula sólo existen en su unidad y luchan permanentemente entre sí, pero únicamente a través de los contrarios polares de las demás partículas. Sólo de esta manera se puede concebir su contradicción. Resulta evidente que el centro de esta lucha solamente se puede encontrar en cada corpúsculo, el cual resulta transformado tanto al absorber como al emitir materia de interacción, provocando, entre otras cosas, la atracción o la repulsión. La asimilación neta de materia de campo o interacción (en esta consideración son indiferentes los productos externos que esto pueda ocasionar) no se realiza sin ton ni son, sino de acuerdo a las reglas que rigen el proceso de cada partícula.

Así, la partícula aumenta de masa, pero no por esto pierde su identidad (su espín, etc.); al ser consideradas en su discontinuidad se observa en ellas una lucha por mantener su individualidad. Sólo al sobrepasarse ciertos límites resulta transformada.

Parece como si se realizara la visión de Epicuro sobre la declinación de los átomos, quien decía que sin ella la naturaleza nunca hubiera creado nada (23). Marx, comentando el papel de la declinación en la filosofía epicureana, decía que la desviación es ese algo en su interior (del átomo) que puede luchar y resistir (24). Y así es.

Dialéctica de las micropartículas

F. Engels decía que la esfera en que la ley de la naturaleza de la transformación de la cantidad en calidad, y a la inversa, descubierta por Hegel, celebra sus triunfos más importantes, es la de la química. Explicaba cómo la modificación de la composición cuantitativa de los átomos de una molécula tenía por consecuencia los cambios cualitativos; por ejemplo, cómo los átomos libres del oxígeno naciente podían lograr con facilidad lo que estaba vedado a los átomos del oxígeno atmosférico unidos en la molécula. O cómo la adición de grupos CH2 a cada hidrocarburo, de fórmula general CnH2n+2, ocasionaba un cuerpo cualitativamente distinto del procedente, etc. Añadía que esta ley hegeliana vale no sólo para las sustancias compuestas, sino también para los propios elementos químicos, pues las propiedades químicas de los elementos son una función periódica de sus pesos atómicos, por lo que su calidad la determina la cantidad de su peso atómico. Por último, terminaba diciendo que con la aplicación inconsciente de la ley de Hegel, Mendeleiev realizó una hazaña científica comparable a la de Leverrier, que calculó la órbita de Neptuno, hasta entonces desconocido; y que, si quienes hasta entonces tachaban la transformación de cantidad en calidad de misticismo y transcendentalismo incomprensible declarasen que se trataba de algo trivial y vulgar, puesto que ya la venían utilizando desde hace tiempo aunque sin saber ciertamente lo que hacían, tendrían que consolarse, como Monsieur Jourdain de Molière, quien hizo prosa durante toda su vida sin tener la menor noticia de ello.

Recordamos todo esto porque aún hay gente que se resiste a admitir la universalidad de la ley hegeliana, o simplemente la tachan de mística, pese a que el avance de las ciencias ha deparado interminables ejemplos a su favor. Queremos, no obstante, observar que esta ley hegeliana no agota las leyes dialécticas de la naturaleza, aunque algunos antidialécticos como Bunge se vean obligados a admitirla dentro de su esquema filosófico, cierto que de una manera muy peculiar. Para completarlas, es necesaria la otra ley hegeliana de negación de la negación, más importante y profunda que la anterior, y que la encontramos también en la periodicidad de las propiedades químicas de los átomos, que la física atómica ha explicado en detalle.

No podía ser de otra manera, pues la ley de la transformación de la cantidad en calidad, y a la inversa, es la forma más importante que adquiere la negación dialéctica, ya que, en cuanto aparecen nuevas cualidades, es porque se están negando las antiguas; y, en tanto este proceso se repite, volvemos posteriormente -a otro nivel- a las primeras. Para alcanzar este nivel superior es necesario que previamente se hayan negado una a una, mediante esos saltos cualitativos parciales de la primera ley de Hegel, todas las cualidades originarias del movimiento que se considere, hasta lograr alcanzar la cualidad plenamente opuesta a la primera. A partir de entonces, cada cambio cualitativo sólo puede significar un regreso a la cualidad originaria, dentro de este movimiento, o la aparición de un nuevo movimiento si las posibilidades contradictorias del antiguo se han agotado del todo, para lo que son necesarias determinadas condiciones. Esto es lo que sucede con el sistema periódico de los elementos de Mendeleiev, y que la mecánica cuántica ha explicado detalladamente.

La contradicción fundamental que da existencia a los átomos está entablada entre el núcleo y la corteza de electrones. De estos dos aspectos, es el núcleo el principal, pues según sean sus características así será el número de electrones capturados, la composición de las cortezas electrónicas, la absorción y emisión de radiación, la relativa libertad de movimientos interatómicos de los electrones, etc. El desarrollo de esta contradicción fundamental, teniendo en cuenta el carácter de la discontinuidad cuántica, origina todo el movimiento atómico, desde el benjamín de la tabla periódica -el hidrógeno- hasta los gigantes inestables últimamente descubiertos.

El hidrógeno tiene por núcleo un protón y como corteza un electrón. En las condiciones extraordinariamente ricas en gravitación y radiación electromagnética de las estrellas, el núcleo del hidrógeno capta neutrones, dando lugar a los conocidos isótopos del hidrógeno, deuterio y tritio. Pero si en vez de sólo neutrones aquel núcleo capta además un protón, se produce la aparición de los átomos de helio. Sin embargo, la corteza del helio está saturada, pues sus dos electrones completan su capa, por lo que su actividad química es muy reducida, contrariamente a lo que le ocurre al hidrógeno, cuya tendencia a completar su capa electrónica le reporta una destacada afinidad química. Entre el hidrógeno y el helio existe, pues, una diferencia cualitativa radical, en lo que a su actividad química se refiere: el helio es más bien un opuesto químico del hidrógeno, su negación dialéctica. Al igual que ocurría con los hidrocarburos, tenemos ahora que la modificación cuantitativa de neutrones produce los isótopos del hidrógeno, mientras que su modificación de protones origina los átomos de helio; en el primer caso, objetos físicamente diferentes, y en el segundo, también químicamente diferentes. De aquí que sea el protón, dentro del núcleo, su factor esencial, y los neutrones sólo condiciones necesarias.

Del helio se pasa posteriormente al litio, que posee tres electrones en su corteza y tres protones en su núcleo. En este átomo, la primera capa electrónica continúa completa, como en el helio -con dos electrones-, estando el otro electrón en una capa que podría admitir, en ocho niveles distintos, otros tantos electrones, siendo por esta circunstancia el litio un elemento muy activo con propiedades de afinidad química muy semejantes a las del hidrógeno. El litio es, como el hidrógeno, opuesto al helio y repite a su modo, en un nivel superior, las peculiaridades del hidrógeno añadiendo además otras nuevas, características de él.

Del litio al neón existe toda una gama de elementos con sus capas parcialmente llenas -como el boro, carbono, etc.- que originan, en sus variadas contradicciones, peculiaridades diversas; la cuantificación posibilita saltos cualitativos parciales, pequeñas nuevas cualidades, distintas afinidades químicas que se expresan por sus valencias y que son tanto más radicales cuanto más próximos estén los átomos a aquellos dos opuestos, al litio o al neón. Este último vuelve a repetir las características fundamentales del helio.

Este ciclo ascendente se continúa ahora del sodio al argón, etc. El desarrollo se puede representar por una espiral que va aumentado de amplitud; cada negación de la negación significa una vuelta completa en la espiral. Por esto decimos que la ley de negación de la negación queda ampliamente evidenciada en la física atómica. El cloro y el sodio, que son simétricos respecto del neón, y por tanto opuestos en sus actividades químicas (al sodio le sobra el electrón que le falta al cloro para completar su capa), se atraen mutuamente, uniéndose en la molécula de cloruro sódico. De esta manera, se equilibran en cuanto a las necesidades de sus capas electrónicas, pero se desequilibran en tanto a la relación contradictoria existente entre sus respectivos electrones y núcleos. El resultado más evidente es la continua fluctuación de un electrón entre los dos átomos, siendo ésta la característica más destacada de esa unidad molecular. Se trata de una contradicción de orden superior originada por dos contradicciones más elementales, para las que también es válida la ley hegeliana de transformación de la cantidad en calidad. Pero esto es ya el mismo ejemplo de Engels.

La misma ley la encontramos de nuevo en la moderna física, en la cromodinámica cuántica. Si tomamos una partícula nuclear, como un protón o un neutrón, vemos que está constituida por quarks.

Así, un protón posee dos quarks u y un quark d, mientras que el neutrón posee dos quarks d y uno u. Y con los demás hadrones ocurre algo similar: las diferentes combinaciones de quarks (u, d, s, c, b, t) ocasiona los diferentes hadrones, en una especie de química de quarks. Los quarks interaccionan entre sí mediante los gluones, intercambiándose las cargas de color, que no sólo preservan la unidad de cada partícula; ahora bien, la condición para que esta unidad no se rompa requiere que, al mismo tiempo, los quarks transformen -en ese intercambio- su carga de color. La unidad nuclear resulta así más profunda que la unidad atómica, que no requiere de cambios en las cargas eléctricas del electrón o protón para subsistir.

La mecánica cuántica analizada bajo el enfoque materialista y dialéctico hace comprensibles diversos hechos contradictorios que resultan un enigma a la metafísica. Para el pensamiento dialéctico no es incómodo hablar de micropartículas (sabiendo que no sólo es partícula) y de campo (sabiendo que no sólo es campo). La dialéctica, despojada del misticismo -dice Engels-, se convierte en una necesidad absoluta para las ciencias naturales, que abandonaron el terreno en que bastaban las categorías rígidas, que por decirlo así representan las matemáticas inferiores de la lógica, sus armas cotidianas (25).

Es reconfortante comprobar cómo ha sido la misma física experimental la que ha tirado por la borda las absurdas ideas de Heisenberg contra la divisibilidad de la materia y su composición. También es estimulante constatar cómo la insustancial idea de campo, únicamente continuo, se le sustituye por otros conceptos que materializan, en algún tipo de partícula, los agentes de la interacción. Además, la concepción de la partícula como un proceso en desarrollo facilita -en gran medida- su estudio, la comprensión de sus múltiples transformaciones y la aparición de partículas nuevas. Esta es una realidad que se va imponiendo, pese a que aún perduren los viejos residuos metafísicos. Así, Fritzsch dice: Los leptones son entes sin estructura, mientras que el protón está formado por tres quarks (26), añadiendo en otra parte: Esperamos poder construir una teoría definitiva de la materia si leptones y quarks son entes realmente elementales (27). La misma evidencia empirista, que desechó el erróneo concepto de partícula elemental, se convierte ahora en ceguera, cuando se toma como definitivo lo que aún hoy no es posible para la ciencia: romper el leptón y el quark. La única concepción admisible es la que admite que la materia es infinitamente divisible: tenemos primero la molécula, después el átomo, a continuación el electrón y el núcleo, luego las partículas nucleares, ahora los quarks. ¿Dónde, pues, acaba este camino del que sí sabemos que comenzó en la boca de Leucipo? El camino no tiene fin; simplemente acaba de comenzar.

Como vemos, la tentativa que pretende haber alcanzado el fondo absoluto de las cosas aún no ha muerto. Los entes realmente elementales, conviene desengañarse, no existen. La partícula verdaderamente elemental y origen de las demás (esto es realmente de lo que se trata) no podría interactuar, porque carecería de contradicciones internas, siendo así imposible que pudiese originar nada nuevo. Para que esto último ocurriese, la partícula elemental habría de cambiar. Y sabemos que el cambio es contrario, por principio, a toda homogeneidad absoluta: la partícula elemental se destruiría a sí misma, por lo que la idea de que los leptones son entes sin estructura es simplemente un tranquilizante de conciencias. Estamos increíblemente lejos del fin de la física y nos alegramos por ello: las generaciones futuras no se aburrirán con teorías perfectas para siempre, legadas por sus antepasados.

Tampoco se adelanta nada cuando se abordan los procesos de interacción interpartículas como se hace hoy comúnmente. Se sabe que los fotones electromagnéticos son los agentes de dicha interacción; sin embargo, no se considera el proceso en sí -por lo menos en su definición- sino únicamente los resultados globales del proceso, y ante la imposibilidad de saber lo que realmente sucede, se introduce lo virtual. Veamos: Ambos electrones se acercan el uno al otro y se intercambian quantums de fotones; en este caso especial fotones virtuales, que hay, que distinguir de los llamados fotones reales (los quantums, pongamos por caso, de la luz visible). Este intercambio de fotones virtuales lleva a la repulsión electromagnética de ambos electrones (28). ¿Por qué no admitir sencillamente que tales fotones virtuales no son sino materia mutuamente absorbida y radiada durante el proceso de repulsión? Esto evitaría la dificultad de andar buscando fantasmas virtuales, lo que facilitaría, al menos en su planteamiento, la comprensión del proceso de la contradicción electromagnética. Del hecho de que la materia de interacción electromagnética que interviene en la repulsión de los electrones no sea como los fotones de la luz visible, no se extrae que sean virtuales (no reales como dice Fritzsch).

No abrigamos la mínima duda de que con el desarrollo de la física se terminará por desechar la escoria metafísica que aún la atenaza. Claro que esto ocurriría con mayor rapidez y beneficio si la dialéctica, que se aplica como M. Jourdain aplica la prosa, se aplicase conscientemente.

Notas:

(1) M. Ferrero: Actas del I Congreso de teoría y metodología de las ciencias, pg. 244.
(2) Citado por M. Ferrero:Actas del I Congreso de teoría y metodología de las ciencias.
(3) L.D. Landau y E.M. Lifshitz: Mecánica cuántica no-relativista, pg. 55.
(4) P.A.M. Dirac: Principios de Mecánica Cuántica, pg. 110.
(5) Max y Hedwing Born: Ciencia y conciencia en la era atómica, pg. 104.
(6) Max y Hedwing Born: Ciencia y conciencia en la era atómica, pg. 136.
(7) N. Bohr: Nuevos ensayos sobre física atómica y conocimiento humano, pg.19.
(8) N. Bohr: Nuevos ensayos sobre física atómica y conocimiento humano, pg. 16.
(9) M. Omelianovski: «Lucha filosófica de las ideas en las ciencias naturales», en Problemas del Mundo Contemporáneo, núm. 43, pg. 40.
(10) M. Omelianovski: «Lucha filosófica de las ideas en las ciencias naturales», pg. 44.
(11) L.D. Landau y E.M. Lifshiz: Obra citada. pg. 30.
(12) V.I. Lenin: Cuadernos filosóficos, pg. 147.
(13) M.G. Doncel: Actas del I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, pg. 356.
(14) N. Bohr: Nuevos ensayos sobre física atómica y conocimiento humano, pg. 74.
(15) V.A. Fock, citado por L.R. Graham en Ciencia y Filosofía en la Unión Soviética, pg. 93.
(16) M. y H. Born: Ciencia y conciencia en la era atómica, pg. 129.
(17) Y. Sachkov: «Filosofía y problemas conceptuales de las ciencias contemporáneas», en Problemas del Mundo Contemporáneo, núm. 60.
(18) Y. Sachkov: «Lucha filosófica de las ideas en las Ciencias Naturales», en Problemas del Mundo Contemporáneo, núm. 43.
(19) F. Engels: Dialéctica de la Naturaleza, pg. 177.
(20) Recogido por Y. Sachkov en el artículo citado.
(21) M.E. Omelianovski: citado por L.R. Graham en Ciencia y filosofía en la Unión Soviética, pg. 134.
(22) M. Omelianovski: «Lucha filosófica de las ideas en las Ciencias Naturales», en Problemas del Mundo Contemporáneo, núm. 43.
(23) P. Nizan: Los materialistas de la antigüedad, pg. 76.
(24) K. Marx: Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y en Epicuro, pg. 38.
(25) F. Engels: Dialéctica de la Naturaleza, pg. 164.
(26) H. Fritzsch, Los quarks, la materia prima de nuestro universo, pg. 197.
(27) H. Fritzsch, ídem, pg. 258.
(28) H. Fritzsch, ídem, pg. 49.

miércoles 5 de agosto de 2009

EDUCACIÓN EN ESPAÑA

La buena educación
JOAQUÍN CALOMARDE*

Más de 30 años de democracia no han conseguido hacer de la educación una prioridad para los españoles. Este fracaso es dramáticamente constatable. Todos los gobiernos de la democracia han tratado de mejorar la educación, pero lo cierto es que no lo han conseguido. Este fracaso es, en primer lugar, achacable a la sociedad española en su conjunto y, en segundo lugar, al cúmulo ininterrumpido de leyes educativas emanadas de nuestro Parlamento sin el suficiente consenso y acuerdo mayoritario.

La tríada LOGSE, LOCE y LOE demuestra la falta de diálogo educativo entre PP y PSOE
Desde hace muchos años, en las encuestas de opinión del CIS no se refleja una preocupación prioritaria por el estado de nuestra educación. Si a ello añadimos el fracaso histórico del liberalismo en España y el autoritarismo secular de la peor tradición patria, que ha hecho confundir hasta la saciedad autoritas con autoritarismo y potestas con un "viva Cartagena" permanente, estaremos en disposición de entender mejor este posmoderno hedonismo atrabiliario de la sociedad española, este desentendimiento respecto a la prioridad de la educación como motor de nuestra economía, sustento de nuestra democracia e instrumento privilegiado de mejora general de la convivencia, la concordia y el diálogo.

Pero si no mejoramos la educación, España no saldrá con bien de la actual crisis económica. Y tampoco lograremos encauzar una abulia general de siglos en lo concerniente a la perfección racional de la sociedad española.

Exceptuando el artículo 27 de nuestra Constitución -que proclama el derecho y la libertad de la educación en España- no ha habido en toda la democracia un acuerdo legislativo de carácter general y vinculante de los partidos mayoritarios en nuestro país, PP y PSOE. La tríada LOGSE, LOCE y LOE son manifestación clara de ese espíritu un tanto tribal que ha hecho imposible un verdadero diálogo educativo en las políticas mayoritarias referidas a materia. Todo ello, junto con la indiferencia general de grandes sectores, incluso supuestamente ilustrados, de la sociedad española, ha contribuido a una paulatina degradación de la calidad del sistema educativo español que es hoy resaltada por diversos organismos internacionales, y no negada por nadie en su juicio.

Ni las reformas "progresistas", imbuidas de cierto aroma al Emilio de Rousseau, ni aquello que el PP denominó vuelta a la tradición histórica de los valores educativos, han hecho posible una consideración mayor de la importancia de nuestra educación. Y unas y otras, además, han contribuido a un claro enfrentamiento político resuelto con leyes educativas de ida y vuelta parlamentaria. Si a ello sumamos, el enfrentamiento, escasamente constitucional, entre autonomías y Gobierno central en materia educativa, obtendremos claro juicio de lo sucedido en estos años en torno al bien esencial para la democracia que es la buena valoración de la educación como legado histórico de la nación española a través de lo mejor y más fecundo de su cultura y del entramado cronológico de sus generaciones.

Burke y Larra estarían de acuerdo con lo expuesto. Nosotros nos hemos decidido a ignorarlos a ambos con igual saña y absurda ignorancia compartida.

Los valores que hacen posible la auténtica calidad educativa han estado normalmente ausentes del panorama político y social hispano. Son estos el cultivo del aprendizaje, el esfuerzo individual y colectivo para ello y la exquisitez de la excelencia. Junto con la práctica del diálogo individual y colectivo, cultural, pedagógico y político, esencia misma de la democracia europea. La democracia es paidea, educación. Si no es esto, antes o después, aparece yerma y condenada a una paulatina depauperación pública.

No es hora de ensayar nuevas leyes educativas generales. Ya han sido hechas todas. Lo que España precisa es un profundo diálogo educativo... y algo más: una conciencia mayor que la actual de la sociedad española respecto al valor intrínseco de la educación.

La salida de la actual crisis económica de España será peor y más compleja si descuidamos la calidad y valoración de nuestra educación. España no tiene futuro si no la mejoramos en tres sentidos: aumento de los conocimientos disciplinarios de nuestros estudiantes; valoración de la tradición histórica que somos, y un decidido apoyo a la ciencia, a la innovación y al conocimiento.

Todo ello mejorando de forma sustancial nuestra formación profesional -verdadero quicio de nuestras insuficiencias históricas en materia educativa desde la Ley General de Educación de 1970- y un denodado esfuerzo por modernizar, mejorar y llevar a buen puerto el proceso europeo de Bolonia en nuestra Universidad.

Pero nada de todo ello será suficiente, aún siendo absolutamente necesario, sino recuperamos el espíritu humanístico y liberal, dialógico y profundamente democrático del logos griego, si no emprendemos, tras las diversas "posmodernidades", una vuelta a la tradición histórica que somos.

La sociedad española se debe a sí misma un esfuerzo colectivo, un esfuerzo que comprometa a todos, para lograr una mejor democracia, que es tanto como aspirar al bien más preciado que el cultivo de nuestro logos puede ofrecernos: educación, formación, más libertad.

*Joaquín Calomarde es ex diputado al Congreso, catedrático y escritor.

sábado 4 de julio de 2009

DIALÉCTICA DE LA NATURALEZA: CIENCIAS NATURALES

F. Engels

Introducción a
La Dialéctica de la Naturaleza[1]

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Escrito: En 1875-76.
Primera edición: En alemán y ruso en el Archivo de Marx y Engels, II, 1925.
Esta edición: Marxists Internet Archive, junio de 2001.
Fuente: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1974, tomo 3.

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Las modernas Ciencias Naturales, las únicas, han alcanzado un desarrollo científico, sistemático y completo, en contraste con las geniales intuiciones filosóficas que los antiguos aventuraran acerca de la naturaleza, y con los descubrimientos de los árabes, muy importantes pero esporádicos y en la mayoría de los casos perdidos sin resultado; las modernas Ciencias Naturales, como casi toda la nueva historia, datan de la gran época que nosotros, los alemanes, llamamos la Reforma —según la desgracia nacional que entonces nos aconteciera—, los franceses Renaissance y los italianos Cinquencento [*], si bien ninguna de estas denominaciones refleja con toda plenitud su contenido. Es ésta la época que comienza con la segunda mitad del siglo XV. El poder real, apoyándose en los habitantes de las ciudades, quebrantó el poderío de la nobleza feudal y estableció grandes monarquías, basadas esencialmente en el principio nacional y en cuyo seno se desarrollaron las naciones europeas modernas y la moderna sociedad burguesa. Mientras los habitantes de las ciudades y los nobles hallábanse aún enzarzados en su lucha, la guerra campesina en Alemania[2] apuntó proféticamente las futuras batallas de clase: en ella no sólo salieron a la arena los campesinos insurrecionados —esto no era nada nuevo—, sino que tras ellos aparecieron los antecesores del proletariado moderno, enarbolando la bandera roja y con la reivindicación de la propiedad común de los bienes en sus labios. En los manuscritos salvados en la caída de Bizancio, en las estatuas antiguas excavadas en las ruinas de Roma, un nuevo mundo —la Grecia antigua— se ofreció a los ojos atónitos de Occidente. Los espectros del medioevo se desvanecieron ante aquellas formas luminosas; en Italia se produjo un inusitado florecimiento del arte, que vino a ser como un reflejo de la antigüedad clásica y que jamás volvió a repetirse. En Italia, Francia y Alemania nació una Literatura nueva, la primera literatura moderna. Poco después llegaron las épocas clásicas de la literatura en Inglaterra y en España. Los límites del viejo «orbis terrarum»[**] fueron rotos; sólo entonces fue descubierto el mundo, en el sentido propio de la palabra, y se sentaron las bases para el subsecuente comercio mundial y para el paso del artesanado a la manufactura, que a su vez sirvió de punto de partida a la gran industria moderna. Fue abatida la dictadura espiritual de la Iglesia; la mayoría de los pueblos germanos se sacudió su yugo y abrazó la religión protestante, mientras que entre los pueblos románicos iba echando raíces cada vez más profundas y desbrozando el camino al materialismo del siglo XVIII una serena libertad de pensamiento heredada de los árabes y nutrida por la filosofía griega, de nuevo descubierta.

Fue ésta la mayor revolución progresiva que la humanidad había conocido hasta entonces; fue una época que requería titanes y que engendró titanes por la fuerza del pensamiento, por la pasión y el carácter, por la universalidad y la erudición. De los hombres que echaron los cimientos del actual dominio de la burguesía podrá decirse lo que se quiera, pero, en ningún modo, que pecasen de limitación burguesa. Por el contrario: todos ellos se hallaban dominados, en mayor o menor medida, por el espíritu de aventuras inherente a la época. Entonces casi no había ni un solo gran hombre que no hubiera realizado lejanos viajes, no hablara cuatro o cinco idiomas y no brillase en varios dominios de la ciencia y de la técnica. Leonardo de Vinci no sólo fue un gran pintor, sino un eximio matemático, mecánico e ingeniero, al que debemos importantes descubrimientos en las más distintas ramas de la física. Alberto Durero fue pintor, grabador, escultor, arquitecto y, además, ideó un sistema de fortificación que encerraba pensamientos desarrollados mucho después por Montalembert y la moderna ciencia alemana de la fortificación. Maquiavelo fue hombre de Estado, historiador, poeta y, por añadidura, el primer escritor militar digno de mención de los tiempos modernos. Lutero no sólo limpió los establos de Augías de la Iglesia, sino también los del idioma alemán, fue el padre de la prosa alemana contemporánea y compuso la letra y la música del himno triunfal que llegó a ser "La Marsellesa" del siglo XVI[3]. Los héroes de aquellos tiempos aún no eran esclavos de la división del trabajo, cuya influencia comunica a la actividad de los hombres, como podemos observarlo en muchos de sus sucesores, un carácter limitado y unilateral. Lo que más caracterizaba a dichos héroes era que casi todos ellos vivían plenamente los intereses de su tiempo, participaban de manera activa en la lucha práctica, se sumaban a un partido u otro y luchaban, unos con la palabra y la pluma, otros con la espada y otros con ambas cosas a la vez. De aquí la plenitud y la fuerza de carácter que les daba tanta entereza. Los sabios de gabinete eran en el entonces una excepción; eran hombres de segunda o tercera fila o prudentes filisteos que no deseaban pillarse los dedos.

En aquellos tiempos también las Ciencias Naturales se desarrollaban en medio de la revolución general y eran revolucionarias hasta lo más hondo, pues aún debían conquistar el derecho a la existencia. Al lado de los grandes italianos que dieron nacimiento a la nueva filosofía, las Ciencias Naturales dieron sus mártires a las hogueras y las prisiones de la Inquisición. Es de notar que los protestantes aventajaron a los católicos en sus persecuciones contra la investigación libre de la naturaleza. Calvino quemó a Servet cuando éste se hallaba ya en el umbral del descubrimiento de la circulación de la sangre y lo tuvo dos horas asándose vivo; la Inquisición, por lo menos, se dio por satisfecha con quemar simplemente a Giordano Bruno.

El acto revolucionario con que las Ciencias Naturales declararon su independencia y parecieron repetir la acción de Lutero cuando éste quemó la bula del papa, fue la publicación de la obra inmortal en que Copérnico, si bien tímidamente, y, por decirlo así, en su lecho de muerte, arrojó el guante a la autoridad de la Iglesia en las cuestiones de la naturaleza[4]. De aquí data la emancipación de las Ciencias Naturales respecto a la teología, aunque la lucha por algunas reclamaciones recíprocas se ha prolongado hasta nuestros días y en ciertas mentes aún hoy dista mucho de haber terminado. Pero a partir de entonces se operó, a pasos agigantados, el desarrollo de la ciencia, y puede decirse que este desarrollo se ha intensificado proporcionalmente al cuadrado de la distancia (en el tiempo) que lo separa de su punto de partida. Pareció como si huhiera sido necesario demostrar al mundo que a partir de entonces para el producto supremo de la materia orgánica, para el espíritu humano, regía una ley del movimiento que era inversa a la ley del movimiento que regía para la materia inorgánica.

La tarea principal en el primer período de las Ciencias Naturales, período que acababa de empezar, consistía en dominar el material que se tenía a mano. En la mayor parte de las ramas hubo que empezar por lo más elemental. Todo lo que la antigüedad había dejado en herencia eran Euclides y el sistema solar de Ptolomeo, y los árabes, la numeración decimal, los rudimentos del álgebra, los numerales modernos y la alquimia; el medioevo cristiano no había dejado nada. En tal situación era inevitable que el primer puesto lo ocuparan las Ciencias Naturales más elementales: la mecánica de los cuerpos terrenos y celestes y, al mismo tiempo, como auxiliar de ella, el descubrimiento y el perfeccionamiento de los métodos matemáticos. En este dominio se consiguieron grandes realizaciones. A fines de este período, caracterizado por Newton y Linneo, vemos que estas ramas de la ciencia han llegado a cierto tope. En lo fundamental fueron establecidos los métodos matemáticos más importantes: la geometría analítica, principalmente por Descartes, los logaritmos, por Napier, y los cálculos diferencial e integral, por Leibniz y, quizá, por Newton. Lo mismo puede decirse de la mecánica de los cuerpos sólidos, cuyas leyes principales fueron halladas de una vez y para siempre. Finalmente, en la astronomía del sistema solar, Kepler descubrió las leyes del movimiento planetario, y Newton las formuló desde el punto de vista de las leyes generales del movimiento de la materia. Las demás ramas de las Ciencias Naturales estaban muy lejos de haber alcanzado incluso este tope preliminar. La mecánica de los cuerpos líquidos y gaseosos sólo fue elaborada con mayor amplitud a fines del período indicado. [Torricelli en conexión con la regulación de los torrentes de los Alpes][***]. La física propiamente dicha se hallaba aún en pañales, excepción hecha de la óptica, que alcanzó realizaciones extraordinarias, impulsada por las necesidades prácticas de la astronomía. La química acababa de liberarse de la alquimia merced a la teoría del flogisto[5]. La geología aún no había salido del estado embrionario que representaba la mineralogía, y por ello la paleontología no podía existir aún. Finalmente, en el dominio de la biología la preocupación principal era todavía la acumulación y clasificación elemental de un inmenso acervo de datos no sólo botánicos y zoológicos, sino también anatómicos y fisiológicos en el sentido propio de la palabra. Casi no podía hablarse aún de la comparación de las distintas formas de vida ni del estudio de su distribución geográfica, condiciones climatológicas y demás condiciones de existencia. Aquí únicamente la botánica y la zoología, gracias a Linneo, alcanzaron una estructuración relativamente acabada.

Pero lo que caracteriza mejor que nada este período es la elaboración de una peculiar concepción general del mundo, en la que el punto de vista más importante es la idea de la inmutabilidad absoluta de la naturaleza. Según esta idea, la naturaleza, independientemente de la forma en que hubiese nacido, una vez presente permanecía siempre inmutable, mientras existiera. Los planetas y sus satélites, una vez puestos en movimiento por el misterioso «primer impulso», seguían eternamente, o por lo menos hasta el fin de todas las cosas, sus elipses prescritas. Las estrellas permanecían eternamente fijas e inmóviles en sus sitios, manteniéndose unas a otras en ellos en virtud de la «gravitación universal». La Tierra permanecía inmutable desde que apareciera o —según el punto de vista— desde su creación. Las «cinco partes del mundo» habían existido siempre, y siempre habían tenido los mismos montes, valles y ríos, el mismo clima, la misma flora y la misma fauna, excepción hecha de lo cambiado o transplantado por el hombre. Las especies vegetales y animales habían sido establecidas de una vez para siempre al aparecer, cada individuo siempre producía otros iguales a él, y Linneo hizo ya una gran concesión al admitir que en algunos lugares, gracias al cruce, podían haber surgido nuevas especies. En oposición a la historia de la humanidad, que se desarrolla en el tiempo, a la historia natural se le atribuía exclusivamente el desarrollo en el espacio. Se negaba todo cambio, todo desarrollo en la naturaleza. Las Ciencias Naturales, tan revolucionarias al principio, se vieron frente a una naturaleza conservadora hasta la médula, en la que todo seguía siendo como había sido en el principio y en la que todo debía continuar, hasta el fin del mundo o eternamente, tal y como fuera desde el principio mismo de las cosas.

Las Ciencias Naturales de la primera mitad del siglo XVIII se hallaban tan por encima de la antigüedad griega en cuanto al volumen de sus conocimientos e incluso en cuanto a la sistematización de los datos, como por debajo en cuanto a la interpretación de los mismos, en cuanto a la concepción general de la naturaleza. Para los filósofos griegos el mundo era, en esencia algo surgido del caos, algo que se había desarrollado, que había llegado a ser. Para todos los naturalistas del período que estamos estudiando el mundo era algo osificado, inmutable, y para la mayoría de ellos algo creado de golpe. La ciencia estaba aún profundamente empantanada en la teología. En todas partes buscaba y encontraba como causa primera un impulso exterior, que no se debía a la propia naturaleza. Si la atracción, llamada pomposamente por Newton gravitación universal, se concibe como una propiedad esencial de la materia, ¿de dónde proviene la incomprensible fuerza tangencial que dio origen a las órbitas de los planetas? ¿Cómo surgieron las innumerables especies vegetales y animales? ¿Y cómo, en particular, surgió el hombre, respecto al cual se está de acuerdo en que no existe de toda la eternidad? Al responder a estas preguntas, las Ciencias Naturales se limitaban con harta frecuencia a hacer responsable de todo al creador. Al comienzo de este período, Copérnico expulsó de la ciencia la teología; Newton cierra esta época con el postulado del primer impulso divino. La idea general más elevada alcanzada por las Ciencias Naturales del período considerado es la de la congruencia del orden establecido en la naturaleza, la teleología vulgar de Wolff, según la cual los gatos fueron creados para devorar a los ratones, los ratones para ser devorados por los gatos y toda la naturaleza para demostrar la sabiduría del creador. Hay que señalar los grandes méritos de la filosofía de la época que, a pesar de la limitación de las Ciencias Naturales contemporáneas, no se desorientó y —comenzando por Spinoza y acabando por los grandes materialistas franceses— esforzóse tenazmente para explicar el mundo partiendo del mundo mismo y dejando la justificación detallada de esta idea a las Ciencias Naturales del futuro.

Incluyo también en este período a los materialistas del siglo XVIII, porque no disponían de otros datos de las Ciencias Naturales que los descritos más arriba. La obra de Kant, que posteriormente hiciera época, no llegaron a conocerla, y Laplace apareció mucho después de ellos[6]. No olvidemos que si bien los progresos de la ciencia abrieron numerosas brechas en esa caduca concepción de la naturaleza, toda la primera mitad del siglo XIX se encontró, pese a todo, bajo su influjo [«El carácter osificado de la vieja concepción de la naturaleza ofreció el terreno para la síntesis y el balance de las Ciencias Naturales como un todo íntegro: los enciclopedistas franceses, lo hicieron de un modo mecánico, lo uno al lado del otro; luego aparecen Saint-Simon y la filosofía alemana de la naturaleza, a la que Hegel dio cima»], en esencia, incluso hoy continúan enseñándola en todas las escuelas[****]

La primera brecha en esta concepción fosilizada de la naturaleza no fue abierta por un naturalista, sino por un filósofo. En 1755 apareció la "Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo" de Kant. La cuestión del primer impulso fue eliminada; la Tierra y todo el sistema solar aparecieron como algo que había devenido en el transcurso del tiempo. Si la mayoría aplastante de los naturalistas no hubiese sentido hacia el pensamiento la aversión que Newton expresara en la advertencia: «¡Física, ten cuidado de la metafísica!»[7], el genial descubrimiento de Kant les hubiese permitido hacer deducciones que habrían puesto fin a su interminable extravío por sinuosos vericuetos y ahorrado el tiempo y el esfuerzo derrochados copiosamente al seguir falsas direcciones, porque el descubrimiento de Kant era el punto de partida para todo progreso ulterior. Si la Tierra era algo que había devenido, algo que también había devenido eran su estado geológico, geográfico y climático, así como sus plantas y animales; la Tierra no sólo debía tener su historia de coexistencia en el espacio, sino también de sucesión en el tiempo. Si las Ciencias Naturales hubieran continuado sin tardanza y de manera resuelta las investigaciones en esta dirección, hoy estarían mucho más adelantadas. Pero, ¿qué podría dar de bueno la filosofía? La obra de Kant no proporcionó resultados inmediatos, hasta que, muchos años después, Laplace y Herschel no desarrollaron su contenido y no la fundamentaron con mayor detalle, preparando así, gradualmente, la admisión de la «hipótesis de las nebulosas». Descubrimientos posteriores dieron, por fin, la victoria a esta teoría; los más importantes entre dichos descubrimientos fueron: el del movimiento propio de las estrellas fijas, la demostración de que en el espacio cósmico existe un medio resistente y la prueba, suministrada por el análisis espectral, de la identidad química de la materia cósmica y la existencia —supuesta por Kant— de masas nebulosas incandescentes. [La influencia retardadora de las mareas en la rotación de la Tierra, también supuesta por Kant, sólo ahora ha sido comprendida.]

Sin embargo, puede dudarse de que la mayoría de los naturalistas hubiera adquirido pronto conciencia de la contradicción entre la idea de una Tierra sujeta a cambios y la teoría de la inmutabilidad de los organismos que se encuentran en ella, si la naciente concepción de que la naturaleza no existe simplemente sino que se encuentra en un proceso de devenir y de cambio no se hubiera visto apoyada por otro lado. Nació la geología y no sólo descubrió estratos geológicos formados unos después de otros y situados unos sobre otros, sino la presencia en ellos de caparazones, de esqueletos de animales extintos y de troncos, hojas y frutos de plantas que hoy ya no existen. Se imponía reconocer que no sólo la Tierra, tomada en su conjunto, tenía su historia en el tiempo, sino que también la tenían su superficie y los animales y plantas en ella existentes. Al principio esto se reconocía de bastante mala gana. La teoría de Cuvier acerca de las revoluciones de la Tierra era revolucionaria de palabra y reaccionaria de hecho. Sustituía un único acto de creación divina por una serie de actos de creación, haciendo del milagro una palanca esencial de la naturaleza. Lyell fue el primero que introdujo el sentido común en la geología, sustituyendo las revoluciones repentinas, antojo del creador, por el efecto gradual de una lenta transformación de la Tierra[*****].

La teoría de Lyell era más incompatible que todas las anteriores con la admisión de la constancia de especies orgánicas. La idea de la transformación gradual de la corteza terrestre y de las condiciones de vida en la misma llevaba de modo directo a la teoría de la transformación gradual de los organismos y de su adaptación al medio cambiante, llevaba a la teoría de la variabilidad de las especies. Sin embargo, la tradición es una fuerza poderosa, no sólo en la Iglesia católica, sino también en las Ciencias Naturales. Durante largos años el mismo Lyell no advirtió esta contradicción, y sus discípulos, mucho menos. Ello fue debido a la división del trabajo que llegó a dominar por entonces en las Ciencias Naturales, en virtud de la cual cada investigador se limitaba, más o menos, a su especialidad, siendo muy contados los que no perdieron la capacidad de abarcar el todo con su mirada.

Mientras tanto, la física había hecho enormes progresos, cuyos resultados fueron resumidos casi simultáneamente por tres personas en 1842, año que hizo época en esta rama de las Ciencias Naturales. Mayer, en Heilbronn, y Joule, en Mánchoster, demostraron la transformación del calor en fuerza mecánica y de la fuerza mecánica en calor. La determinación del equivalente mecánico del calor puso fin a todas las dudas al respecto. Mientras tanto Grove, que no era un naturalista de profesión, sino un abogado inglés, demostraba, mediante una simple elaboración de los resultados sueltos ya obtenidos por la física, que todas las llamadas fuerzas físicas —la fuerza mecánica, el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, e incluso la llamada energía química— se transformaban unas en otras en determinadas condiciones, sin que se produjera la menor pérdida de energía. Grove probó así, una vez más, con método físico, el principio formulado por Descartes al afirmar que la cantidad de movimiento existente en el mundo es siempre la misma. Gracias a este descubrimiento, las distintas fuerzas físicas, estas «especies» inmutables, por así decirlo, de la física, se diferenciaron en distintas formas del movimiento de la materia, que se transformaban unas en otras siguiendo leyes determinadas. Se desterró de la ciencia la casualidad de la existencia de tal o cual cantidad de fuerzas físicas, pues quedaron demostradas sus interconexiones y transiciones. La física, como antes la astronomía, llegó a un resultado que apuntaba necesariamente el ciclo eterno de la materia en movimiento como la úItima conclusión de la ciencia.

El desarrollo maravillosamente rápido de la química desde Lavoisier y, sobre todo, desde Dalton, atacó, por otro costado, las viejas concepciones de la naturaleza. La obtención por medios inorgánicos de compuestos que hasta entonces sólo se habían producido en los organismos vivos, demostró que las leyes de la química tenían la misma validez para los cuerpos orgánicos que para los inorgánicos y salvó en gran parte el supuesto abismo entre la naturaleza inorgánica y la orgánica, abismo que ya Kant estimaba insuperable por los siglos de los siglos.

Finalmente, también en la esfera de las investigaciones biológicas, sobre todo los viajes y las expediciones científicas organizados de modo sistemático a partir de mediados del siglo pasado, el estudio más meticuloso de las colonias europeas en todas las partes del mundo por especialistas que vivían allí, y, además, las realizaciones de la paleontología, la anatomía y la fisiología en general, sobre todo desde que empezó a usarse sistemáticamente el microscopio y se descubrió la célula; todo esto ha acumulado tantos datos, que se ha hecho posible —y necesaria— la aplicación del método comparativo. [Embriología.] De una parte, la geografía física comparada permitió determinar las condiciones de vida de las distintas floras y faunas; de otra parte, se comparó unos con otros distintos organismos según sus órganos homólogos, y por cierto no sólo en el estado de madurez, sino en todas las fases de su desarrollo. Y cuanto más profunda y exacta era esta investigación, tanto más se esfumaba el rígido sistema que suponía la naturaleza orgánica inmutable y fija. No sólo se iban haciendo más difusas las fronteras entre las distintas especies vegetales y animales, sino que se descubrieron animales, como el anfioxo y la lepidosirena[8] que parecían mofarse de toda la clasificación existente hasta entonces [Ceratodus. Ditto archeopteryx[9], etc.]; finalmente, fueron hallados organismos de los que ni siquiera se puede decir si pertenecen al mundo animal o al vegetal. Las lagunas en los anales de la paleontología iban siendo llenadas una tras otra, lo que obligaba a los más obstinados a reconocer el asombroso paralelismo existente entre la historia del desarrollo del mundo orgánico en su conjunto y la historia del desarrollo de cada organismo por separado, ofreciendo el hilo de Ariadna, que debía indicar la salida del laberinto en que la botánica y la zoología parecían cada vez más perdidas. Es de notar que casi al mismo tiempo que Kant atacaba la doctrina de la eternidad del sistema solar, C. F. Wolff desencadenaba, en 1759, el primer ataque contra la teoría de la constancia de las especies y proclamaba la teoría de la evolución[10]. Pero lo que en él sólo era una anticipación brillante tomó una forma concreta en manos de Oken, Lamarck y Baer y fue victoriosamente implantado en la ciencia por Darwin [11], en 1859, exactamente cien años después. Casi al mismo tiempo quedó establecido que el protoplasma y la célula, considerados hasta entonces como los últimos constituyentes morfológicos de todos los organismos, eran también formas orgánicas inferiores con existencia independiente. Todas estas realizaciones redujeron al mínimo el abismo entre la naturaleza inorgánica y la orgánica y eliminaron uno de los principales obstáculos que se alzaban ante la teoría de la evolución de los organismos. La nueva concepción de la naturaleza hallábase ya trazada en sus rasgos fundamentales: toda rigidez se disolvió, todo lo inerte cobró movimiento, toda particularidad considerada como eterna resultó pasajera, y quedó demostrado que la naturaleza se mueve en un flujo eterno y cíclico.

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Y así hemos vuelto a la concepción del mundo que tenían los grandes fundadores de la filosofía griega, a la concepción de que toda la naturaleza, desde sus partículas más ínfimas hasta sus cuerpos más gigantescos, desde los granos de arena hasta los soles, desde los protistas[12] hasta el hombre, se halla en un estado perenne de nacimiento y muerte, en flujo constante, sujeto a incesantes cambios y movimientos. Con la sola diferencia esencial de que lo que fuera para los griegos una intuición genial es en nuestro caso el resultado de una estricta investigación científica basada en la experiencia y, por ello, tiene una forma más terminada y más clara. Es cierto que la prueba empírica de este movimiento cíclico no está exenta de lagunas, pero éstas, insignificantes en comparación con lo que se ha logrado ya establecer firmemente, son menos cada año. Además, ¿cómo puede estar dicha prueba exenta de lagunas en algunos detalles si tomamos en consideración que las ramas más importantes del saber —la astronomía transplanetaria, la química, la geología— apenas si cuentan un siglo, que la fisiología comparada apenas si tiene cincuenta años y que la forma básica de casi todo desarrollo vital, la célula, fue descubierta hace menos de cuarenta?

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Los innumerables soles y sistemas solares de nuestra isla cósmica, limitada por los anillos estelares extremos de la Vía Láctea, se han desarrollado debido a la contracción y enfriamiento de nebulosas incandescentes, sujetas a un movimiento en torbellino cuyas leyes quizá sean descubiertas cuando varios siglos de observación nos proporcionen una idea clara del movimiento propio de las estrellas. Evidentemente, este desarrollo no se ha operado en todas partes con la misma rapidez. La astronomía se ve más y más obligada a reconocer que, además de los planetas, en nuestro sistema estelar existen cuerpos opacos, soles extintos (Mädler); por otra parte (según Secchi), una parte de las manchas nebulares gaseosas pertenece a nuestro sistema estelar como soles aún no formados, lo que no excluye la posibilidad de que otras nebulosas, como afirma Mädler, sean distantes islas cósmicas independientes, cuyo estadio relativo de desarrollo debe ser establecido por el espectroscopio.

Laplace demostró con todo detalle, y con maestría insuperada hasta la fecha, cómo un sistema solar se desarrolla a partir de una masa nebular independiente; realizaciones posteriores de la ciencia han ido probando su razón cada vez con mayor fuerza.

En los cuerpos independientes formados así —tanto en los soles como en los planetas y en sus satélites— prevalece al principio la forma de movimiento de la materia a la que hemos denominado calor. No se puede hablar de compuestos de elementos químicos ni siquiera a la temperatura que tiene actualmente el Sol; observaciones posteriores sobre éste nos demostrarán hasta que punto el calor se transforma en estas condiciones en electricidad o en magnetismo; ya está casi probado que los movimientos mecánicos que se operan en el Sol se deben exclusivamente al conflicto entre el calor y la gravedad.

Los cuerpos desgajados de las nebulosas se enfrían más rápidamente cuanto más pequeños son. Primero se enfrían los satélites, los asteroides y los meteoritos, del mismo modo que nuestra Luna ha enfriado hace mucho. En los planetas este proceso se opera más despacio, y en el astro central, aún con la máxima lentitud.

Paralelamente al enfriamiento progresivo empieza a manifestarse con fuerza creciente la interacción de las formas físicas de movimiento que se transforman unas en otras, hasta que, al fin, se llega a un punto en que la afinidad química empieza a dejarse sentir, en que los elementos químicos antes indiferentes se diferencian químicamente, adquieren propiedades químicas y se combinan unos con otros. Estas combinaciones cambian de continuo con la disminución de la temperatura —que influye de un modo distinto no ya sólo en cada elemento, sino en cada combinación de elementos—; cambian con el consecuente paso de una parte de la materia gaseosa primero al estado líquido y después al sólido y con las nuevas condiciones así creadas.

El período en que el planeta adquiere su corteza sólida y aparecen acumulaciones de agua en su superficie coincide con el período en que la importancia de su calor intrínseco disminuye más y más en comparación con el que recibe del astro central. Su atmósfera se convierte en teatro de fenómenos meteorológicos en el sentido que damos hoy a esta palabra, y su superficie, en teatro de cambios geológicos, en los que los depósitos, resultado de las precipitaciones atmosféricas, van ganando cada vez mayor preponderancia sobre los efectos, lentamente menguantes, del fluido incandescente que constituye su núcleo interior.

Finalmente, cuando la temperatura ha descendido hasta tal punto —por lo menos en una parte importante de la superficie— que ya no rebasa los límites en que la albúmina es capaz de vivir, se forma, si se dan otras condiciones químicas favorables, el protoplasma vivo. Hoy aún no sabemos qué condiciones son ésas, cosa que no debe extrañarnos, ya que hasta la fecha no se ha logrado establecer la fórmula química de la albúmina, ni siquiera conocemos cuántos albuminoides químicamente diferentes existen, y sólo hace unos diez años que sabemos que la albúmina completamente desprovista de estructura cumple todas las funciones esenciales de la vida: la digestión, la excreción, el movimiento, la contracción, la reacción a los estímulos y la reproducción.

Pasaron seguramente miles de años antes de que se dieran las condiciones para el siguiente paso adelante y de la albúmina informe surgiera la primera célula, merced a la formación del núcleo y de la membrana. Pero con la primera célula se obtuvo la base para el desarrollo morfológico de todo el mundo orgánico; lo primero que se desarrolló, según podemos colegir tomando en consideración los datos que suministran los archivos de la paleontología, fueron innumerables especies de protistas acelulares y celulares —de ellas sólo ha llegado hasta nosotros el Eozoon canadense[13]— que fueron diferenciándose hasta formar las primeras plantas y los primeros animales. Y de los primeros animales se desarrollaron, esencialmente gracias a la diferenciación, incontables clases, órdenes, familias, géneros y especies, hasta llegar a la forma en la que el sistema nervioso alcanza su más pleno desarrollo, a los vertebrados, y finalmente, entre éstos, a un vertebrado, en que la naturaleza adquiere conciencia de sí misma, el hombre.

También el hombre surge por la diferenciación, y no sólo como individuo —desarrollándose a partir de un simple óvulo hasta formar el organismo más complejo que produce la naturaleza—, sino también en el sentido histórico. Cuando después de una lucha de milenios la mano se diferenció por fin de los pies y se llegó a la actitud erecta, el hombre se hizo distinto del mono y quedó sentada la base para el desarrollo del lenguaje articulado y para el poderoso desarrollo del cerebro, que desde entonces ha abierto un abismo infranqueable entre el hombre y el mono. La especialización de la mano implica la aparición de la herramienta, y ésta implica la actividad específicamente humana, la acción recíproca transformadora del hombre sobre la naturaleza, la producción. También los animales tienen herramientas en el sentido más estrecho de la palabra, pero sólo como miembros de su cuerpo: la hormiga, la abeja, el castor; los animales también producen, pero el efecto de su producción sobre la naturaleza que les rodea es en relación a esta última igual a cero. Unicamente el hombre ha logrado imprimir su sello a la naturaleza, y no sólo llevando plantas y animales de un lugar a otro, sino modificando también el aspecto y el clima de su lugar de habitación y hasta las propias plantas y los animales hasta tal punto, que los resultados de su actividad sólo pueden desaparecer con la extinción general del globo terrestre. Y esto lo ha conseguido el hombre, ante todo y sobre todo, valiéndose de la mano. Hasta la máquina de vapor, que es hoy por hoy su herramienta más poderosa para la transformación de la naturaleza, depende en fin de cuentas, como herramienta, de la actividad de las manos. Sin embargo, paralelamente a la mano fue desarrollándose, paso a paso, la cabeza; iba apareciendo la conciencia, primero de las condiciones necesarias para obtener ciertos resultados prácticos útiles; después, sobre la base de esto, nació entre los pueblos que se hallaban en una situación más ventajosa la comprensión de las leyes de la naturaleza que determinan dichos resultados útiles. Al mismo tiempo que se desarrollaba rápidamente el conocimiento de las leyes de la naturaleza, aumentaban los medios de acción recíproca sobre ella; la mano sola nunca hubiera logrado crear la máquina de vapor si, paralelamente, y en parte gracias a la mano, no se hubiera desarrollado correlativamente el cerebro del hombre.

Con el hombre entramos en la historia. También los animales tienen una historia, la de su origen y desarrollo gradual hasta su estado presente. Pero, los animales son objetos pasivos de la historia, y en cuanto toman parte en ella, esto ocurre sin su conocimiento o voluntad. Los hombres, por el contrario, a medida que se alejan más de los animales en el sentido estrecho de la palabra, en mayor grado hacen su historia ellos mismos, conscientemente, y tanto menor es la influencia que ejercen sobre esta historia las circunstancias imprevistas y las fuerzas incontroladas, y tanto más exactamente se corresponde el resultado histórico con los fines establecidos de antemano. Pero si aplicamos este rasero a la historia humana, incluso a la historia de los pueblos más desarrollados de nuestro siglo, veremos que incluso aquí existe todavía una colosal discrepancia entre los objetivos propuestos y los resultados obtenidos, veremos que continúan prevaleciendo las influencias imprevistas, que las fuerzas incontroladas son mucho más poderosas que las puestas en movimiento de acuerdo a un plan. Y esto no será de otro modo mientras la actividad histórica más esencial de los hombres, la que los ha elevado desde el estado animal al humano y forma la base material de todas sus demás actividades —me refiero a la producción de sus medios de subsistencia, es decir, a lo que hoy llamamos producción social— se vea particularmente subordinada a la acción imprevista de fuerzas incontroladas y mientras el objetivo deseado se alcance sólo como una excepción y mucho más frecuentemente se obtengan resultados diametralmente opuestos. En los países industriales más adelantados hemos sometido a las fuerzas de la naturaleza, poniéndolas al servicio del hombre; gracias a ello hemos aumentado inconmensurablemente la producción, de modo que hoy un niño produce más que antes cien adultos. Pero, ¿cuáles han sido las consecuencias de este acrecentamiento de la producción? El aumento del trabajo agotador, una miseria creciente de las masas y un crac inmenso cada diez años. Darwin no sospechaba qué sátira tan amarga escribía de los hombres, y en particular de sus compatriotas, cuando demostró que la libre concurrencia, la lucha por la existencia celebrada por los economistas como la mayor realización histórica, era el estado normal del mundo animal. Unicamente una organización consciente de la producción social, en la que la producción y la distribución obedezcan a un plan, puede elevar socialmente a los hombres sobre el resto del mundo animal, del mismo modo que la producción en general les elevó como especie. El desarrollo histórico hace esta organización más necesaria y más posible cada día. A partir de ella datará la nueva época histórica en la que los propios hombres, y con ellos todas las ramas de su actividad, especialmente las Ciencias Naturales, alcanzarán éxitos que eclipsarán todo lo conseguido hasta entonces.

Pero «todo lo que nace es digno de morir»[******]. Quizá antes pasen millones de años, nazcan y bajen a la tumba centenares de miles de generaciones, pero se acerca inexorablemente el tiempo en que el calor decreciente del Sol no podrá ya derretir el hielo procedente de los polos; la humanidad, más y más hacinada en torno al ecuador, no encontrará ni siquiera allí el calor necesario para la vida; irá desapareciendo paulatinamente toda huella de vida orgánica, y la Tierra, muerta, convertida en una esfera fría, como la Luna, girará en las tinieblas más profundas, siguiendo órbitas más y más reducidas, en torno al Sol, también muerto, sobre el que, a fin de cuentas, terminará por caer. Unos planetas correrán esa suerte antes y otros después que la Tierra; y en lugar del luminoso y cálido sistema solar, con la armónica disposición de sus componentes, quedará tan sólo una esfera fría y muerta, que aún seguirá su solitario camino por el espacio cósmico. El mismo destino que aguarda a nuestro sistema solar espera antes o después a todos los demás sistemas de nuestra isla cósmica, incluso a aquellos cuya luz jamás alcanzará la Tierra mientras quede un ser humano capaz de percibirla.

¿Pero qué ocurrirá cuando este sistema solar haya terminado su existencia, cuando haya sufrido la suerte de todo lo finito, la muerte? ¿Continuará el cadáver del Sol rodando eternamente por el espacio infinito, y todas las fuerzas de la naturaleza, antes infinitamente diferenciadas, se convertirán en una única forma del movimiento, en la atracción?

«¿O —como pregunta Secchi (pág. 810)— hay en la naturaleza fuerzas capaces de hacer que el sistema muerto vuelva a su estado original de nebulosa incandescente, capaces de despertarlo a una nueva vida? No lo sabemos».

Sin duda, no lo sabemos en el sentido que sabemos que 2 X 2 = 4 o que la atracción de la materia aumenta y disminuye en razón del cuadrado de la distancia. Pero en las Ciencias Naturales teóricas —que en lo posible unen su concepción de la naturaleza en un todo armónico y sin las cuales en nuestros días no puede hacer nada el empírico más limitado—, tenemos que operar a menudo con magnitudes imperfectamente conocidas; y la consecuencia lógica del pensamiento ha tenido que suplir, en todos los tiempos, la insuficiencia de nuestros conocimientos. Las Ciencias Naturales contemporáneas se han visto constreñidas a tomar de la filosofía el principio de la indestructibilidad del movimiento; sin este principio las Ciencias Naturales ya no pueden existir. Pero el movimiento de la materia no es únicamente tosco movimiento mecánico, mero cambio de lugar; es calor y luz, tensión eléctrica y magnética, combinación química y disociación, vida y, finalmente, conciencia. Decir que la materia durante toda su existencia ilimitada en el tiempo sólo una vez —y ello por un período infinitamente corto, en comparación con su eternidad— ha podido diferenciar su movimiento y, con ello, desplegar toda la riqueza del mismo, y que antes y después de ello se ha visto limitada eternamente a simples cambios de lugar; decir esto equivale a afirmar que la materia es perecedera y el movimiento pasajero. La indestructibilidad del movimiento debe ser comprendida no sólo en el sentido cuantitativo, sino también en el cualitativo. La materia cuyo mero cambio mecánico de lugar incluye la posibilidad de transformación, si se dan condiciones favorables, en calor, electricidad, acción química, vida, pero que es incapaz de producir esas condiciones por sí misma, esa materia ha sufrido determinado perjuicio en su movimiento. El movimiento que ha perdido la capacidad de verse transformado en las distintas formas que le son propias, si bien posee aún dynamis[*******], no tiene ya energeia[********], y por ello se halla parcialmente destruido. Pero lo uno y lo otro es inconcebible.

En todo caso, es indudable que hubo un tiempo en que la materia de nuestra isla cósmica convertía en calor una cantidad tan enorme de movimiento —hasta hoy no sabemos de qué género—, que de él pudieron desarrollarse los sistemas solares pertenecientes (según Mädler) por lo menos a veinte millones de estrellas y cuya extinción gradual es igualmente indudable. ¿Cómo se operó esta transformación? Sabemos tan poco como sabe el padre Secchi si el futuro caput mortuum[*********] de nuestro sistema solar se convertirá de nuevo, alguna vez, en materia prima para nuevos sistemas solares. Pero aquí nos vemos obligados a recurrir a la ayuda del creador o a concluir que la materia prima incandescente que dio origen a los sistemas solares de nuestra isla cósmica se produjo de forma natural, por transformaciones del movimiento que son inherentes por naturaleza a la materia en movimiento y cuyas condiciones deben, por consiguiente, ser reproducidas por la materia, aunque sea después de millones y millones de años, más o menos accidentalmente, pero con la necesidad que es también inherente a la casualidad.

Ahora es más y más admitida la posibilidad de semejante transformación. Se llega a la convicción de que el destino final de los cuerpos celestes es de caer unos en otros y se calcula incluso la cantidad de calor que debe desarrollarse en tales colisiones. La aparición repentina de nuevas estrellas y el no menos repentino aumento del brillo de estrellas hace mucho conocidas —de lo cual nos informa la astronomía—, pueden ser fácilmente explicados por semejantes colisiones. Además, debe tenerse en cuenta que no sólo nuestros planetas giran alrededor del Sol y que no sólo nuestro Sol se mueve dentro de nuestra isla cósmica, sino que toda esta última se mueve en el espacio cósmico, hallándose en equilibrio temporal relativo con las otras islas cósmicas, pues incluso el equilibrio relativo de los cuerpos que flotan libremente puede existir únicamente allí donde el movimiento está recíprocamente condicionado; además, algunos admiten que la temperatura en el espacio cósmico no es en todas partes la misma. Finalmente, sabemos que, excepción hecha de una porción infinitesimal, el calor de los innumerables soles de nuestra isla cósmica desaparece en el espacio cósmico, tratando en vano de elevar su temperatura aunque nada más sea que en una millonésima de grado centígrado. ¿Qué sé hace de toda esa enorme cantidad de calor? ¿Se pierde para siempre en su intento de calentar el espacio cósmico, cesa de existir prácticamente y continúa existiendo sólo teóricamente en el hecho de que el espacio cósmico se ha calentado en una fracción decimal de grado, que comienza con diez o más ceros? Esta suposición niega la indestructibilidad del movimiento; admite la posibilidad de que por la caída sucesiva de los cuerpos celestes unos sobre otros, todo el movimiento mecánico existente se convertirá en calor irradiado al espacio cósmico, merced a lo cual, a despecho de toda la «indestructibilidad de la fuerza», cesaría, en general, todo movimiento. (Por cierto, aquí se ve cuán poco acertada es la expresión indestructibilidad de la fuerza en lugar de indestructibilidad del movimiento.) Llegamos así a la conclusión de que el calor irradiado al espacio cósmico debe, de un modo u otro —llegará un tiempo en que las Ciencias Naturales se impongan la tarea de averiguarlo—, convertirse en otra forma del movimiento en la que tenga la posibilidad de concentrarse una vez más y funcionar activamente. Con ello desaparece el principal obstáculo que hoy existe para el reconocimiento de la reconversión de los soles extintos en nebulosas incandescentes.

Además, la sucesión eternamente reiterada de los mundos en el tiempo infinito es únicamente un complemento lógico a la coexistencia de innumerables mundos en el espacio infinito. Este es un principio cuya necesidad indiscutible se ha visto forzado a reconocer incluso el cerebro antiteórico del yanqui Draper[**********].

Este es el ciclo eterno en que se mueve la materia, un ciclo que únicamente cierra su trayectoria en períodos para los que nuestro año terrestre no puede servir de unidad de medida, un ciclo en el cual el tiempo de máximo desarrollo, el tiempo de la vida orgánica y, más aún, el tiempo de vida de los seres conscientes de sí mismos y de la naturaleza, es tan parcamente medido como el espacio en que la vida y la autoconciencia existen; un ciclo en el que cada forma finita de existencia de la materia —lo mismo si es un sol que una nebulosa, un individuo animal o una especie de animales, la combinación o la disociación química— es igualmente pasajera y en el que no hay nada eterno do no ser la materia en eterno movimiento y transformación y las leyes según las cuales se mueve y se transforma. Pero, por más frecuente e inexorablemente que este ciclo se opere en el tiempo y en el espacio, por más millones de soles y tierras que nazcan y mueran, por más que puedan tardar en crearse en un sistema solar e incluso en un solo planeta las condiciones para la vida orgánica, por más innumerables que sean los seres orgánicos que deban surgir y perecer antes de que se desarrollen de su medio animales con un cerebro capaz de pensar y que encuentren por un breve plazo condiciones favorables para su vida, para ser luego también aniquilados sin piedad, tenemos la certeza de que la materia será eternamente la misma en todas sus transformaciones, de que ninguno de sus atributos puede jamás perderse y que por ello, con la misma necesidad férrea con que ha de exterminar en la Tierra su creación superior, la mente pensante, ha de volver a crearla en algún otro sitio y en otro tiempo.


___________________________

NOTAS
[*] Literalmente: los años quinientos, es decir, el siglo XVI. (N. de la Edit.)

[**] Textualmente: círculo de las tierras; así llamaban los antiguos romanos el mundo, la Tierra. (N. de la Edit.)

[***] Aquí y en los casos siguientes damos en paréntesis cuadrados las palabras escritas por Engels en los márgenes del manuscrito. (N. de la Edit.)

[****] El defecto de las concepciones de Lyell —por lo menos en su forma original— consiste en que considera las fuerzas que actúan sobre la Tierra como fuerzas constantes, tanto cualitativa como cuantitativamente. Para él no existe el enfriamiento de la Tierra y ésta no se desarrolla en una dirección determinada, sino que cambia solamente de modo casual y sin conexión.

[*****] Cuán firmemente se aferraba en 1861 a estas concepciones un hombre cuyos trabajos científicos proporcionaron mucho y muy valioso material para superarlas lo demuestran las siguientes palabras clásicas:

«El mecanismo entero de nuestro sistema solar tiende, por todo cuanto hemos logrado comprender, a la preservación de lo que existe, a su existencia prolongada e inmutable. Del mismo modo que ni un solo animal y ni una sola planta en la Tierra se han hecho más perfectos o, en general, diferentes desde los tiempos más remotos, del mismo modo que en todos los organismos observamos únicamente estadios de contigüidad, y no de sucesión, del mismo modo que nuestro propio género ha permanecido siempre el mismo corporalmente, la mayor diversidad de los cuerpos celestes coexistentes no nos da derecho a suponer que estas formas sean meramente distintas fases del desarrollo; por el contrario, todo lo creado es igualmente perfecto de por sí». (Mädler, "Astronomía popular", pág. 316, 5ª edición, Berlín, 1861)

Se refiere al libro: Mädler J. H., "Der Wunderbau des Weltalls oder populäre Astronomie", 5 Aufl., Berlin, 1861. (N. de la Edit.).

[******] Palabras de Mefistófeles en el "Fausto" de Goethe, parte I, escena III. (N. de la Edit.)

[********] Posibilidad. (N. de la Edit.)

[********] Realidad. (N. de la Edit.)

[*********] «Caput mortuum»: literalmente, «cabeza muerta»; en el sentido figurado, de restos mortales, desechos después de la calcinación, reacción química, etc., aquí se trata del Sol apagado con los planetas muertos caídos sobre él. (N. de la Edit.)

[**********] «La multiplicidad de los mundos en el espacio infinito lleva a la concepción de una sucesión de mundos en el tiempo infinito». J. W. Draper, "History of the Intellectual Development of Europe", II, p. 325 («Historia del desarrollo intelectual de Europa», t. II, pág. 325). (N. de la Edit.)


[1] La "Dialéctica de la Naturaleza": una de las principales obras de F. Engels; se da en ella una síntesis dialéctico-materialista de los mayores adelantos de las Ciencias Naturales de mediados del siglo XIX, se desarrolla la dialéctica materialista y se hace la crítica de las concepciones metafísicas e idealistas en las Ciencias Naturales.
En el índice del tercer cuaderno de materiales de "La Dialéctica de la Naturaleza", redactado por Engels, esta "Introducción" se denomina "Vieja introducción". Puede ponérsele la fecha de 1875 o de 1876. Es posible que la primera parte de la "Introducción" haya sido escrita en 1875 y la segunda, en la primera mitad de 1876.

[2] Se alude a la Gran Guerra campesina en Alemania de 1524 a 1525.

[3] Engels se refiere al coral de Lutero "Ein feste Burg ist unser Gott" («El Señor es nuestro firme baluarte»). E. Heine, en su obra "Historia de la religión y la filosofía en Alemania", segundo tomo, llama a este canto "La Marsellesa de la Reforma".

[4] Copérnico recibió el ejemplar de su libro "De Revolutionibus Orbium Coelestium" («De las revoluciones de los círculos celestiales») en el que exponía el sistema heliocéntrico del mundo, el 24 de mayo (calendario juliano) de 1543, el día de su muerte.

[5] Según los criterios que reinaban en la química del siglo XVIII, se consideraba que el proceso de combustión se hallaba condicionado por la existencia de una substancia especial en los cuerpos, el flogisto, que se segregaba de ellos durante la combustión. El eminente químico francés A. Lavoisier demostró la inconsistencia de esta teoría y dio la explicación justa del proceso como reacción de combinación de un cuerpo combustible con el oxígeno.

[6] Trátase del libro de Kant "Allgemeine Naturgeschichte und Theorie des Himmels" («Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo»), publicado anónimo en 1755. En dicha obra se exponía la hipótesis cosmogónica de Kant, según la cual el sistema solar se habrá desarrollado a partir de una nebulosa originaria. Laplace expuso por vez primera su hipótesis acerca de la formación del sistema solar en el último capítulo de su obra "Exposition du systême du monde", tomos I y II, París, 1796.

[7] Se alude a la idea expresada por I. Newton en el trabajo "Philosophiae naturalis principia mathematica" («Principios matemáticos de la filosofía natural»), libro tercero. Consideraciones generales. Al referirse a esta expresión de Newton, Hegel, en su "Enciclopedia de las ciencias filosóficas", § 98, Adición I, hacía notar: «Newton ...advirtió abiertamente a la física para que no incurriera en la metafísica...».

[8] Anfioxo: pequeño animal pisciforme; es una forma transitoria de los invertebrados a los vertebrados; vive en varios mares y océanos.
Lepidosirena: pez dipneumónido, es decir, con respiración pulmonar y branquial; vive en Sudamérica.

[9] Ceratodus: pez dipneumónido de Australia.
Archeopteryx: vertebrado fósil, uno de los más antiguos representantes de la clase de las aves; presenta, al propio tiempo, ciertos caracteres de los reptiles.

[10] Trátase de la disertación de K. F. Wolff "Theoria generationis" («La teoría de la generación»), publicada en 1759.

[11] En 1859 vio la luz el libro de C. Darwin "El origen de las especies".

[12] Protista: nombre que propuso Haeckel para designar un extenso grupo de organismos inferiores (unicelulares y acelulares) que, a la par de los dos reinos de organismos multicelulares (animales y vegetales), forma un tercer reino especial de la naturaleza orgánica.

[13] Eozoon canadense: mineral hallado en el Canadá, que se creyó un fósil de organismos primitivos. En 1878, el zoólogo alemán K. Möbius mostró que este mineral no era de origen orgánico.

miércoles 3 de junio de 2009

SUTEP Y EL FRACASO GOBIERNISTA FRENTE A LA LEY 29062

Convocatoria mollonaria del Ministerio de Educación fracaso; ley 29062 es inviable
¡SIN MAESTROS NO HAY REFORMAS!

1.- Los maestros bien informados no se inscribieron para el concurso de incorporación a la Ley Nº 29062, mal llamada de carrera pública magisterial. La razón fundamental del duro revés cosechado por el gobierno reside en que, PARA IMPONER su política continuista y antidemocrática en educación, al margen del Proyecto Educativo Nacional y los intereses del país, PERSISTE en su equivocada estrategia de DESTRUIR al SUTEP, desacreditar al magisterio y confundir a la opinión pública. De allí sus campañas de desprestigio utilizando simples exámenes antitécnicos, unilaterales y tramposos como si fueran evaluaciones. Por eso, este tipo de convocatorias a maestros maltratados en su dignidad e insultados en su inteligencia y autoestima, están condenadas al fracaso, mientras no se tome en cuenta sus opiniones.

2.-La inscripción de únicamente 11 mil 200 profesores de un universo de más de 300 mil, antes que porfiar en lo mismo, debiera merecer reflexión, rectificación, tolerancia, apertura y dialogo de parte del Ministerio de Educación. Si ni la insultante publicidad multimillonaria, ni las ofertas demagógicas de sueldos fabulosos, ni la presión a directores para que obligaran a maestros a inscribirse (como en los tiempos de la mafia fujimorista para inscribirlos en las AFPs) pudieron torcer la determinación de los docentes, entonces, el MED con el Ministro a la cabeza deben entender y aceptar esa realidad. Lejos de acusarnos de “haber sembrado el terror en los docentes”, se deben rectificar buscando consensos, y tomando en cuenta la opinión de los maestros para encarar y resolver la profunda crisis de la educación. Por eso lamentamos se anuncie más de lo mismo: “nuevos concursos” para una ley deslegitimada e inviable en medio de la creciente desconfianza de la comunidad educativa.

3.-Los maestros del Perú sabemos que la Ley Nº 29062 establece un régimen antidemocrático y antipedagógico: cambia la jornada pedagógica por la cronológica, es de contenido sobre explotador y antitécnico; establece salarios irrisorios proporcionales a la permanencia cronológica en la institución; impone un sistema de ascensos antidemocrático, excluyente y elitista; establece “evaluaciones” tramposas para despedir, etc.

4.-Nuestra Ley Magisterial 24029-25212 no está derogada y tiene que ser respetada e implementada por el gobierno. Por eso exigimos que, en cumplimiento del capítulo de Carrera Pública, se convoque a evaluación pertinente para el ascenso de nivel y mejoría de salario precedida de actualizaciones de calidad, estableciendo un piso salarial universal del 60% de la UIT (2130 soles), para los nombrados, contratados, jubilados y, sobre esa base, otorgar las bonificaciones diferenciales correspondientes.

5.- Ratificamos nuestra exigencia de implementación, como política de Estado, del Proyecto Educativo Nacional; la necesidad de concretar una Reforma Educativa Democrática, Patriótica y Descentralista y avanzar en la recuperación de la jornada escolar completa en la educación pública, dotándole de mayor presupuesto, infraestructura y equipamiento; articulando una reforma curricular seria y participativa, con más y mejores maestros y con programas integrales de alimentación y salud escolar.

6.-Manifestamos nuestra solidaridad con nuestros hermanos de los pueblos originarios de la selva y con todos los sectores que como nosotros construimos la unidad para cambiar el país y luchamos por mejores condiciones de vida, trabajo y justicia social.

¡Los profesores del Perú nos ratificamos en la Ley del Profesorado como garantía de derechos y mejores condiciones para ejercer una buena docencia!

¡No a la incorporación a la Ley anti magisterial 29062!

29 de mayo del 2009

Hamer VILLENA ZUÑIGA Walter QUIROZ IBÁÑEZ
Secretario General Secretario de Comunicaciones
CEN SUTEP CEN SUTEP

sábado 23 de mayo de 2009

SUTE BASES, ACUERDOS DE LA V ASAMBLEA MACROREGIÓN SUR

“POR UNA LINEA SINDICAL CLASISTA”

V ASAMBLEA MACROREGION SUR

DEL CONARE SUTEP

1-2 DE MAYO 2009

LAS BASES REGIONALES DE MOQUEGUA, TACNA, PUNO, CUSCO, APURIMAC, BASES DE AREQUIPA Y COMO INVITADO LA REGION DE AYACUCHO.

MESA DIRECTIVA:

1.-Presidente: Prof. Mery Coila Ramírez
SECRETARIA
GENERAL DEL SUTEP REGIONAL DE TACNA Y
PRESIDENTA DE LA MACROREGION SUR
2.-Secretaria: Prof. Cesar Tito Rojas
SECRETARIO GENERAL DEL SUTEP REGIONAL PUNO
3.-Relator: Prof. Modesto Robles
SECRETARIO GENERAL DEL SUTEP REGIONAL DE APURIMAC
4.-Disciplina: Prof. Segundo Senca
SUB SECRETARIO GENERAL SUTEP REGIONAL DE CUSCO
Prof. Claudio Huamán Ortoguerin
SECRETARIO GENERAL DEL SUTEP REGIONAL DE MOQUEGUA

I.-FUNDAMENTACIÓN

-Por mandato de Las Asambleas de SUTES REGIONALES DEL SUR
-Por necesidad imperiosa de consolidar y ampliar la MACROSUR de CONARE SUTEP.
-Por implementación del trabajo orgánico.

II CONVOCATORIA FECHA Y SEDE

LA COORDINADORA DE LA MACROSUR CONARE SUTEP que convoca, organiza y desarrolla la V ASAMBLEA MACROSUR DE CONARE SUTEP 1-2 DE MAYO 2009 en la ciudad de Puno.
-DENOMINACIÓN DEL EVENTO: V ASAMBLEA DE LA MACROREGION SUR DEL CONARE SUTEP
-PRESIDIUM DE HONOR: “POR LOS MARTIRES DE CHICAGO EN EL 1º DE MAYO DIA DEL PROLETARIADO INTERNACIONAL”

-LEMA: “POR LA CONSOLIDACION CLASISTA Y FORTALECIMIENTO DE LAS BASES DE LA MACROREGION SUR DEL CONARE SUTEP”

III.-DE LOS PARTICIPANTES

Están llamados a participar los dirigentes de las distintas bases de la MACROSUR en la siguiente dimensión
a.- Delegados Plenos con voz y voto
b.- Delegados Fraternos con voz
c.- Maestros de bases invitadas con voz
d.- Maestros de base de la MACROSUR
& Participan para sustentar sus mociones cada base por 8 minutos.
& De las participaciones individuales según se inscriban por 3 y 5 min.

IV.- OBJETIVOS Y TEMARIO

&.- Desarrollar el evento dentro de la lucha de dos líneas y a partir de ella tomar fundamentales acuerdos y tareas para avanzar en el proceso de la RECONSTITUCION DEL SUTEP, desde las bases hasta el CEN, con Ideología Proletaria, combatiendo al revisionismo, oportunismo y caudillismo.
&.-Consolidar y ampliar la MACROSUR DEL CONARE SUTE

TEMARIO

1.-Análisis de la situación política actual /nacional e internacional
2.-Análisis de la situación educativa
3.-Situación actual de los derechos fundamentales del pueblo y el magisterio.
4.-Ampliación de la MACROREGION SUR DEL CONARE SUTEP
5.-Síntesis, acuerdos y conclusiones

SITUACION INTERNACIONAL

El imperialismo norteamericano y el sistema capitalista mundial atraviesa su segunda crisis de globalización, más grave, comparada a la década del 30 del siglo pasado; las medidas que tomará OBAMA solo serán para defender y mantener su hegemonía, descargando la crisis en las espaldas de los pueblos del mundo, desatando mayor opresión y explotación, no variando su esencia de superpotencia hegemónica única, manteniéndose la contradicción principal existente: imperialismo - pueblos y naciones oprimidas del mundo.

SITUACION NACIONAL

El llamado “plan anticrisis” de García, PROFUNDIZA su política de negación del derecho al trabajo y la estabilidad laboral (Miles de despedidos de sus puestos de trabajo al momento); Insiste en PRIVATIZAR: Educación, Salud, Seguridad, Agua, etc. Vender a precio de remate las últimas propiedades estatales. La firma de los TLCs con EE.UU, Canadá, Chile y luego con la Unión Europea traerá como consecuencia mayor dependencia económica; quienes a cambio del “saqueo” nos dejarán más desempleo, más hambre y más pobreza en nuestro pueblo. Por todo esto, satanizarán las luchas populares que necesariamente se darán y desarrollarán con leyes que criminalizan la protesta popular y una general aplicación del derecho penal del enemigo preparando una mayor represión y persecución de los mejores hijos del pueblo.

SITUACION EDUCATIVA

EL DERECHO A LA EDUCACIÓN, EL PROBLEMA DE TRABAJO PARA EL PUEBLO Y LA CRISIS ECONÓMICA .-
En el Tratado Internacional sobre Derechos Humanos que nuestro país ha suscrito. En el artículo 26, inciso 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, está estampado: “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos en función de los méritos respectivos”

Este reconocimiento, como todo derecho que el pueblo ha conquistado, tampoco ha caído del cielo, ni ha sido obtenido fácil ni simplemente. Ha sido arrancado en lucha, porque en la comunidad primitiva donde no había clases sociales existía una educación para la vida; luego en el esclavismo, la educación era destinada para los esclavistas y no para los esclavos, mientras que en el feudalismo mientras los siervos regaban con su sudor y arañaban la tierra para sacarle sus bondades pero lo señores feudales no les permitían la instrucción para educarse, en cambio en el capitalismo y principalmente es su fase el imperialismo donde el capitalista es dueño de los medios de producción y el obrero vende su fuerza de trabajo, se viene aplicando la política de privatización de la educación, donde solo los poderosos económicamente tendrán acceso mientras que millones, arrojados al analfabetismo, dando con ello cumplimiento fiel a las exigencias de la globalización y políticas neoliberales.

SOBRE SITUACIÓN Y PROBLEMÁTICA EDUCATIVA.

La raíz del problema educativo es: Económico. Político y Social, y el Perú, no obstante su condición de País semifeudal- semicolonial en el que se desenvuelve un capitalismo al servicio del IMPERIALISMO. En esto, la educación tiene CARACTER Y SELLO DE CLASE a los EXPLOTADORES les conviene mantener en la IGNORANCIA al pueblo para así AHONDAR LA CRISIS EDUCATIVA.

En este panorama, cabe señalar que en nuestra patria, por más de 20 años las políticas de gobierno han servido para PRECARIZAR, DESFINANCIAR y ABANDONAR la educación y simultáneamente ABANDONARON LA PRODUCCION NACIONAL, por lo que es evidente el hecho de que el Estado no crea puestos de trabajo para el PUEBLO, en medio de este entuerto se propulsan la elitización de la escuela para un PUÑADO DE PRIVILEGIADOS. De allí que vemos, que, existe dos caminos y estos son: El camino del estado y de otro lado el camino del pueblo.

1.- EL CAMINO DEL ESTADO PERUANO Y SUS SUCESIVOS GOBIERNOS; No le dan la importancia a la Educación por que aplican EL PLAN NEOLIBERAL para ello, plantearon MEDIDAS Y POLÍTICAS EN MATERIA EDUCATIVA en el que prima la FLEXIBILIZACION, que se refleja en despidos, contratos y evaluaciones punitivas, por ello, el eje Y COLUMNA principal es PRIVATIZAR LA EDUCACION a través de las leyes que es parte de su andamiaje jurídico y éstos son¬: Ley 28044, Ley 28988 que declara a la educación pública como un servicio esencial, el DS 017 – 2007 y el DS 022 por el que se anula nuestro derecho a huelga y plantea maestros sustitutos, la Municipalizacion, las ADOPCIONES de escuelas por empresas privadas o a ONGs.

LA RACIONALIZACION, el pseudo PEN al 2021 y la Ley 29062 de CPM “Llamada Ley de la Revolución Educativa”; EL DS 04 (Tercio superior) y hoy, el DS 079 que recorta la remuneración de los maestros contratados. Todo ello en suma expresa MAYOR SUJECIÓN del Estado AL BANCO MUNDIAL Y PARTICULARMENTE AL IMPERIALISMO. Lo que explica porqué se destina a Educación apenas el 2.73% del PBI PARA EL 2009, tanto es que el gobierno peruano gasta en un niño 188 dólares al año por alumno mientras que en Finlandia el gobierno gasta en un niño 3,600 dólares al año, sin embargo de toda esta crisis han querido responsabilizar al magisterio nacional para justificar el rumbo de la privatización, y por ello pretendieron neutralizar a la población en las huelgas, despedir a los maestros en huelga. Apagar la protesta social y criminalizar las luchas populares, ¿Todo para que? para encubrir los latrocinios que vienen cometiendo, para muestra solo un caso: Entre 1996-1999 Fujimori MALVERSÓ 246,400 millones de dólares con la mentira de mejorar la Calidad Educativa y las capacitaciones. Y hoy prosigue en este rumbo el gobierno de García Pérez.

Por todo ello, nuestro planteamiento seguirá siendo más allá de la evaluación al docente una evaluación AL SISTEMA EDUCATIVO, y de ello ha de desprenderse de cómo está funcionando las estructuras del Estado en Educación, si realmente aquel alumno del cual se pretende una calidad en su educación tiene las suficientes calorías, que sus progenitores tiene un trabajo estable, que los órganos del Ministerio de Educación son entidades de servicio o corrupción , que si los maestros tienen una adecuada remuneración mensual o no, entre otros aspectos, las que soslayamos insalvablemente.

2.-EL CAMINO DEL MAGISTERIO Y EL PUEBLO.-Prosiguiendo con la gran lección de que « NADA HA CAIDO DEL CIELO TODO SE HA CONSEGUIDO CON LUCHAS » BAJO la lógica de Fracasar y volver a luchar hasta la victoria, es que el magisterio del SUTEP CONARE de la MACROSUR y a nivel nacional, viene resistiendo a pie firme la embestida del Estado a través del gobierno de turno ya sea en el plano económico, laboral y social, que dicho sea de paso, tienen el afán de quebrar nuestra moral, pero bien sabemos que esos golpes también lo siente el pueblo, pues viene entendiendo a cabalidad de que las maniobras de la evaluación por ejemplo era para desprestigiar al magisterio luego tener el camino allanado para privatizar la educación.

Y sobre la implementación del PROYECTO EDUCATIVO NACIONAL AL 2021.señalamos enfáticamente que el SUTEP Puno y de la MACROSUR, venimos desarrollando un auténtico Proyecto Pedagógico como respuesta político sindical al Estado la que a su vez se plasmará en un CONGRESO PEDAGÓGICO NACIONAL, por lo que, en cambio vemos a un Estado y gobierno desesperados en tener que encaminar por ejemplo un DCN que vienen implementando de manera tal que ni siquiera han tomado en cuenta las propias sugerencias del Acuerdo Nacional, de ser discutida primero en el presente año para luego ser aplicada en el 2010, desatinos e incoherencias que son inherentes desde siempre a este sistema.

En el presente, tenemos sin embargo un escollo inmediato que barrer, el de la Incorporación a la Carrera Pública Magisterial señalada antes para el 7 de junio y ahora para el 14 de junio, en esa dimensión, viendo como el Estado mientras se encuentra cambiando fecha tras fecha, alertamos al magisterio nacional a no caer en la trampa de bonificaciones para quienes pasen a la ley 29062 de CPM, pues advertimos con claridad que los propósitos del gobierno son: evaluar con el Art.28 sumado con el ¨clientelaje político¨ para luego despedirlo con el Art 65 sin oportunidad de reingreso. Por ello nos corresponde evitar la complicidad de una CATERVA DE dirigentes del CEN que junto a los GOBERNANTES ENCAMINAN AL PUEBLO DIRECTO AL COLAPSO.

Por todos aquellos aspectos señalados, corresponde desenvolver la Huelga nacional Indefinida, huelga que vemos será más cruenta y ella se debe con la responsabilidad y el criterio alturado, asumir con estrategias adecuadas, porque debemos estar muy seguros de una cuestión fundamental, de que existe en la Constitución el artículo 28 y el art 42 que reconocen el derecho a la sindicalización y huelga ; asi mismo el Convenio 87, 89 y 151 de la OIT, también reconoce la negociación colectiva y el requerimiento de los trabajadores al Estado, del pliego de reclamos y la solución a los problemas y hacer de nuestra lucha la que en perspectiva se proyecte a las necesidades de los estudiantes universitarios porque las pretensiones de este Estado es privatizar la Educación Universitaria y bregar por reconquistar y desarrollar los derechos conquistados hacia la II Reforma Universitaria todo ello unido a las del pueblo peruano en defensa del derecho a la educación, porque; un pueblo sin educación no tiene perspectiva en ningún campo de la sociedad.

SOBRE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DEL PUEBLO

¿Cómo están los derechos fundamentales de nuestro Pueblo?
Durante toda la vida republicana y principalmente el siglo XX, el Estado peruano, no ha satisfecho las necesidades básicas establecidas en el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ni respetado los derechos fundamentales señalados en la Constitución; principalmente a fines de los tres últimos decenios del siglo pasado, era que, las dos terceras partes de los peruanos no tenían satisfechas sus necesidades básicas: alimentación, salud, vivienda, educación, trabajo, y observamos que estaba sometido a un modo de producción semifeudal, semicolonial y de capitalismo burocrático.

Hoy, cuando nuestro pueblo rotura el primer decenio del milenio del trigo, ésta situación recrudece dolorosamente, pues a pesar de los desbordes verbales del actual quinquenal gobierno del APRA que pretendió negar la realidad de la crisis económica, explotando la realidad en sus narices; son muestras de ello las decenas de miles de despedidos, la reducción consecuente del mercado interno, el alza del costo de vida, la inflación, y dentro de ello lo principal: prosigue con aplicar el Plan Neoliberal a través de su política de Privatizar la Educación y la salud del pueblo, evidenciando lo que los maestros del proletariado, señalaran con mucha verdad, que el ser humano, a lo largo de su historia se desenvuelve en medio de una constante “Lucha de Clases” y en ella, expresándose fundamentalmente la ley de la contradicción en la sociedad. Por ello, el pueblo peruano se halla soportando esta segunda crisis de la globalización, lo que repercute en los derechos fundamentales con su correlato lógico expresada en una creciente protesta popular, formas por las que nuestros pueblos han conquistado desde hace mucho, un conjunto de derechos, desde el derecho a la vida y su protección, pasando por derechos fundamentales reconocidos en la Constitución, llevando incluso a la propia humanidad, a conquistar el derecho que tienen todos los pueblos del mundo, “A transformar toda sociedad atrasada, injusta y oprobiosa por una nueva sociedad en beneficio del avance, progreso y desarrollo”,

Este problema de masas, seguirá desarrollándose, eso preocupa al actual gobierno, por ello está respondiendo con dureza, porque la lucha deberá centrarse en el problema de la Constitución Política; que debe pasar por: Asamblea Constituyente.
Los afanes por imponer una nueva ley de aguas, que abre paso, a un nuevo periodo de apropiación de tierras en beneficios de las empresas y monopolios, y lo otro de cómo la derecha en colusión con los mercaderes que buscan lucrar con el agua han aprobado una ley que promueve el proceso de privatización de las aguas en el Perú todos ellos favorecen a los operadores privados y en particular de las empresas mineras que cuentan con 18’ 260,779.87 millones de hectáreas de denuncios mineros, la mayoría de ellos asentados en las cabeceras de las cuencas poniéndose contrarios a la realidad de la crisis del agua, el recalentamiento de la tierra, los glaciares que desaparecen en los andes,la contaminación del agua dulce y del medio ambiente.

Durante el 2009, en el corazón mismo de la selva, los pueblos de la amazonía luchan por la defensa de la tierra, lo mismo trasunta en el caso de los pueblos de la sierra a través de los llamados denuncios mineros, similar cuestión en los pueblos de la costa sujetos al TLC, hechos que involucran a los pueblos del Perú a desenvolver jornadas de lucha por el respeto irrestricto a la tierra, problema que bien en su momento lo planteó Mariátegui, sentenciando que “El obstáculo, la resistencia a una solución se encuentra en la estructura misma de la economía peruana…Su movimiento, su desarrollo, están subordinados a los intereses y a las necesidades de los mercados de Londres y de Nueva York. Estos mercados, miran en el Perú un depósito de las materias primas y una plaza para sus manufacturas.

La agricultura peruana obtiene, por eso, créditos y transportes sólo para los productos que pueden ofrecer con ventaja en los grandes mercados. La finanza extranjera, se interesa un día por el caucho, otro día por el algodón, otro día por el azúcar. El día en que Londres puede recibir un producto a mejor precio y en cantidad suficiente de la India o del Egipto, abandona instantáneamente a su suerte a sus proveedores del Perú. Nuestros latifundistas, nuestros terratenientes, cualesquiera que sean las ilusiones que se hagan de su independencia, no actúan en realidad sino como intermediarios o agentes del capitalismo extranjero”. Entonces, el gobierno del APRA, prosigue y viene atendiendo a los intereses de los EEUU. que tiene en la amazonía, sirve a los intereses de las clases reaccionarias de la sociedad peruana del Estado y del imperialismo preparando las condiciones para someter a los peruanos a los designios de EE. UU. A través del TLC.

El FMI, BM. OMC y otros, que obligaron a gobiernos serviles a préstamos en condiciones lesivas para la patria, fomentando la privatización y que las empresas del Estado sean rematadas al martillo a los monopolios imperialistas, quitándonos con ello la base para la producción nacional que exige nuestro pueblo, pero que acarrearon el consecuente despido de miles de trabajadores, haciéndose evidente el crecimiento de la desocupación y la pobreza con el cuento de que el Estado es “ineficaz”.

Y en medio de esta crisis surge la postura desesperada del gobierno que ha puesto en marcha el Plan “anticrisis”, que se resume en el plan de la burguesía y los terratenientes para descargar la crisis en los hombros de nuestro pueblo así vemos cómo el gobierno aprista lleva adelante, la evolución del capitalismo burocrático, que es hijo del imperialismo y la feudalidad, pero que por su parte el pueblo no se mantiene inerme y sale a protestar por lo que se profundiza la criminalización de la protesta popular. Sobredimensionando por otro lado, los subsistentes grupos armados, los rezagos, para aplicar operativos de las FFAA. en el VRAE y en el Huallaga, movilizando a cientos y miles de soldados, con la única finalidad de obtener mayor presupuesto del Estado para en los meses que se viene, que son intensamente caldeados, reprimir al pueblo.

El camino del pueblo entonces, ahora se desarrolla, pero adolece de dirección que señale el rumbo; más como el marxismo enseña y la realidad demostró, en el proceso de la propia lucha se irá forjando para las futuras jornadas por venir.

2.-DERECHOS FUNDAMENTALES DEL MAGISTERIO

El año que inicia, principalmente dentro del Magisterio peruano, nos viene dando perspectiva brillante; a más de lecciones de errores cometidos, problemas y dificultades que asumiendo con espíritu autocrítico, pues, sabemos que su corrección y superación nos hacen más listos y permiten encarnar la gran verdad de que los fracasos son madre del éxito. Ya que la clase obrera, el proletariado, con el cual nos identificamos y nutrimos con su ideología, nos han enseñado que construimos la victoria a través de una escalera de fracasos, las grandes luchas sociales y revoluciones emprendidas por el proletariado internacional demuestran esta gran verdad; con el espíritu indoblegable de que la clase lucha, fracasa y vuelve a luchar así hasta la victoria, por que el problema no es cuidarse de los fracasos sino volver a luchar; cuantos fracasos afrontemos la cuestión es volver a luchar de nuevo, ese es el meollo del espíritu de lucha clasista.

La actual Constitución neoliberal de 1993 contempla el recorte de la gratuidad de la enseñanza Para ello incluyeron lo siguiente « Toda persona natural o jurídica tiene el derecho de promover o conducir instituciones educativas y transferir la propiedad de éstas, conforme a ley »... »La educación inicial y primaria es obligatoria. La educación gratuita en todos sus niveles por lo menos para el que no pueda sufragarla, con cargo al erario, de acuerdo con las posibilidades del presupuesto de la República ».

Esta es la columna vertebral del neoliberalimo: recortar el gasto en la enseñanza pública, acelerar la privatización de las escuelas incluida la universidad, por ello consideramos que en el mundo y en el Perú se ha abierto un periodo de lucha por la defensa del Derecho a la Educación para el Pueblo cuyos campanazos los hemos vistos en el mundo desde la llamada marcha de los pingüinos en Chile hasta que en el Perú ya optamos en la línea Correcta del SUTEP-CONARE PRINCIPALMENTE MACROSUR, por la cuarta huelga Nacional Indefinida planteada para el presente año.

Por lo expuesto se hace necesario seguir bregando por que los pueblos del Perú tengan que ser parte activa en las luchas del magisterio y nosotros del magisterio en sus luchas, pasando ya de las luchas aisladas a luchas conjuntas con logros más significativos para nuestro pueblo.

No obstante debemos también asumir que el año 2007, nos ha dado pues, un avance en la comprensión y aplicación de la ideología científica del proletariado en medio de la lucha por la reconstitución del SUTEP, hoy estamos mas claros y convencidos de que es esta ideología la que garantiza su reconstitución donde el trabajo y brega por la defensa de los derechos e intereses del magisterio. Además estamos claros de la necesidad de luchar por que esta ideología avance en nuestras filas impulsando el desarrollo de la lucha de dos líneas, pues bien sabemos ahora que, cuando no se la aplica con firmeza no hay avances y cometemos yerros, y cuando se la aplica como corresponde hay grandes logros.

Por ello, lo señaló Mariátegui, con mucha claridad en su momento “El modesto preceptor, el oscuro maestro del hijo del obrero y del campesino necesitan comprender y sentir su responsabilidad en la creación de un orden nuevo. Su labor, según su rumbo, puede apresurarla y facilitarla o puede retardarla”… agregando luego que “De todas las victorias humanas les toca a los maestros, en gran parte, el mérito. De todas las derrotas humanas les toca, en cambio, en gran parte, la responsabilidad” Y en este marco, el magisterio de la MACROSUR, asume la política enmarcada en la ideología del proletariado gracias a las bases ideológicas y políticas que nos ha legado José Carlos Mariátegui y los grande clásicos mundiales y su desarrollo, tal cual se ha venido dando en el pueblo peruano, y siguiendo ese llamamiento es que en la
V ASAMBLEA DE LA MACROREGION SUR DEL CONARE SUTEP ACORDÓ LO SIGUIENTE:

1º PARO MACROREGIONAL EL 11 DE JUNIO CONTRA LA EVALUACIÓN DE INCORPORACION A LA LEY 29062 DE CPM Y POR LA DEFENSA DE NUESTROS DERECHOS LABORALES, DEFENSA DE LA EDUCACION PUBLICA, AUMENTO DE SUELDOS Y SALARIOS, DESCONGELAMIENTO DE LA LEY DEL PROFESORADO 24029, MODIFICATORIA 25212 Y REGLAMENTO DS 019-90-ED.

2º ENCAMINAR LA HUELGA NACIONAL INDEFINIDA DEL CONARE SUTEP Y EN MEDIO DE LA LUCHA DE DOS LINEAS APLASTAR AL REVISIONISMO.

3º PERSISTIR EN LA DEROGATORIA DE LA LEY 29062 DE CPM EN LOS FUEROS CORRESPONDIENTES.
LUCHAR LEGALMENTE POR EL CUMPLIMIENTO DE LAS BONIFICACIONES, REMUNERACIONES Y OTROS QUE CONTEMPLA LA LEY DEL PROFESORADO 24029 Y SUS NORMAS COMPLEMENTARIAS.
REALIZAR LUCHA DIRECTA Y LEGAL CONTRA LOS DS. 079-2009-MEF. DESENMASCARANDO EL DESFINANCIAMIENTO DE LA LEY DE CPM 29062 Y EL ATROPELLO, EXPLOTACION CONTRA LOS MAESTROS CONTRATADOS.

4º RECHAZAR LA IMPLEMENTACION DE CONTRATOS A PROFESIONALES DE OTRAS RAMAS. DEFENDER EL TRABAJO PARA PROFESORES TITULADOS.

5º PARTICIPAR DEL FRENTE UNICO NACIONAL DE LOS PUEBLOS DEL PERU; IMPULSAR, FORTALECER Y CENTRALIZAR LOS FRENTES DE DEFENSA DE LA EDUCACION PUBLICA Y DEMÁS PUNTOS QUE CONTEMPLA LA PLATAFORMA NACIONAL DE LUCHA.

6º REUNIFICAR EL CONARE BASADO EN LA IDEOLOGIA DEL PROLETARIADO, APLICANDO LOS PRINCIPIOS DEL SINDICALISMO CLASISTA COMBATIENDO EL SECTARISMO, HEGEMONISMO Y GRUPISMO TENIENDO EN CUENTA QUE SON LAS MASAS, Y NO LOS INDIVIDUOS, NI CAUDILLOS LOS QUE HACEN LA HISTORIA.

7º DEFENDER LAS LIBERTADES, DERECHOS, BENEFICIOS Y CONQUISTAS QUE LA CLASE OBRERA, EL MAGISTERIO Y LAS MASAS HAN LOGRADO A COSTA DE SU PROPIA SANGRE, Y BREGAR POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN ASÍ COMO COMBATIR TODA DISPOSICIÓN LESIVA A LOS INTERESES POPULARES.

8º IMPULSAR LA LUCHA POLÍTICA CONTRA LOS GOBIERNOS DE TURNO, POR SUS MEDIDAS ANTIPOPULARES DE CORTE NEOLIBERAL CONTRA, CAMPESINOS, OBREROS, ESTUDIANTES, EMPLEADOS Y PUEBLO EN SU CONJUNTO.

9º RECHAZO A TODA PERSECUCION POLITICA Y SOLIDARIDAD CON LOS PRESOS POLITICOS (MAESTROS, ESTUDIANTES, CAMPESINOS, RESERVISTAS, OBREROS, ETC.) RECLUIDOS EN LAS CÁRCELES DEL PAÍS EN CONDICIONES INHUMANAS.

¡VIVA EL PARO MACROREGIONAL
EL 11 DE JUNIO!
JORNADA DE PROTESTA EL 13 Y 14 DE JUNIO!
¡POR LA DEFENSA DEL DERECHO A LA EDUCACIÓN PUBLICA PARA EL PUEBLO RECHAZANDO LA PRIVATIZACION VIA MUNICIPALIZACION!
¡CONTRA LA PSEUDO EVALUACION DE INCORPORACION A LA LEY NEFASTA 29062 DE CARRERA PUBLICA MAGISTERIAL!
¡POR RECONQUISTAR Y DESARROLLAR LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DEL MAGISTERIO Y EL PUEBLO!
¡POR LA REUNIFICACIÓN DEL CONARE SUTEP BASADO EN LA IDEOLOGÍA DEL PROLETARIADO!
¡POR DESCONGELAMIENTO DE LA LEY DEL PROFESORADO, AUMENTO DE SUELDOS Y SALARIOS EXTENSIVO A MAESTROS CONTRATADOS, CESANTES Y JUBILADOS!
¡PREPAREMOS CON FIRMEZA LA HUELGA NACIONAL INDEFINIDA 2009!

SUTEP Y EL CHANTAJE DEL GOBIERNO CON LA RACIONALIZACIÓN

SUTEP Y EL CHANTAJE DEL GOBIERNO CON LA RACIONALIZACIÓN

ALERTA: CHANTAJE A LOS MAESTROS DEL CONARE : RM 101-2009-ED
ALERTAMOS A TODO LA COMUNIDAD MAGISTERIAL, QUE:

EL 22 DE ABRIL, EL GOBIERNO HA EMITIDO UNA NORMA SOBRE EVALUACION Y RACIONALIZACION. EN LA QUE SE CASTIGA A LOS DOCENTES CON DIGNIDAD QUE NO DIERON EXAMEN CENSAL Y SE PREMIA A LOS DOCENTES TIMORATOS Y SOBONES DEL GOBIERNO.

NEGANDO CATEGORICAMENTE SU ARGUMENTO DE LA LEY DCPM "MERITOCRACIA" CAMBIANDOLO POR EL " SERVILISMO." COMO PREMIO AL TRAIDOR.

¿Y TODO ESTE MECANISMO DE CHANTAJE PORQUE?

PUES PORQUE SUS CENTROS DE CAPACITACION ESTAN VACIAS POR LA NO PARTICIPACION DE LOS DOCENTES CON DIGNIDAD. SUMADO A LA FALTA DE INSCRITOS PARA LA INCORPORACION A SU ESPURIA E INCONSTITUCIONAL LEY DE CPM

CONCLUSION:

CHANTAJE ABIERTO QUE DEBE SER RESPONDIDO CATEGORICAMENTE POR EL MAGISTERIO EN CONJUNTO CON UNA HUELGA NACIONAL INDEFINIDA Y TOTAL

RESOLUCIÓN MINISTERIAL Nº 0101-2009-ED, que aprueba los:
“Lineamientos para la Evaluación y Racionalización de plazas de Educación Básica yTécnico Productiva del Sector Público”.

(Descargar documento completo de)
R.M. 1001-2009-ED

I – FINALIDAD:
Establecer normas y procedimientos para el proceso de evaluación y racionalización de plazas en las Instituciones Educativas Públicas de Educación Básica y Técnico Productiva, a fin de buscar equidad y calidad de la educación, con énfasis en el nivel de Educación Inicial, en concordancia con la Septuagésima Disposición Final de la Ley Nº 29289, Ley de Presupuesto del Sector Público para el Año Fiscal 2009 y la Resolución Ministerial Nº 0441-2008-ED.

II – OBJETIVOS:

2.1 Promover y garantizar la atención oportuna del servicio educativo, con personal docente y administrativo para las Instituciones Educativas Públicas de Educación Básica y Técnico Productiva, de acuerdo a la demanda del servicio en función a la necesidad institucional y a la carga docente, establecida en la presente norma, privilegiando el servicio educativo en las zonas rurales, urbano marginales, zonas de menor desarrollo alternativo y de frontera de nuestro país.

2.2 Garantizar la óptima distribución y asignación de plazas presupuestadas en función a las reales necesidades de las Instituciones Educativas Públicas de Educación Básica y Técnico Productiva, para brindar el servicio educativo.

2.3 Efectuar la transferencia y/o reubicación de plazas excedentes, y la reasignación del personal nombrado excedente resultante del proceso de evaluación y racionalización.

2.4 Realizar acciones de monitoreo y supervisar el uso correcto de las plazas, producto del proceso de evaluación y racionalización.

2.5 Atender prioritariamente el déficit de cobertura de Educación Inicial y de las Instituciones Educativas carentes de atención de servicio.

VII.- DE LA EVALUACIÓN Y RACIONALIZACIÓN DE PLAZAS:

7.1- Documentos e instrumentos para el proceso.

La Comisión Técnica (COTDRE/UE), para la revisión del proceso de evaluación y racionalización de plazas de las instituciones educativas de su jurisdicción, utilizará los siguientes documentos e instrumentos de trabajo:

a. Informe de evaluación y racionalización presentado por la Institución Educativa, indicando las plazas necesarias, e identificando excedentes y requerimiento de plazas, debidamente sustentado y rubricado por la comisión.

b. Copia de las actas de evaluación de los estudiantes del año anterior.

c. Cuadro de Distribución de Secciones aprobado.

d. Cuadro de distribución de Horas del año en que se realiza la evaluación.

e. Presupuesto Analítico de Personal del año anterior al que se realiza la evaluación, de cada Institución Educativa, procesada en el aplicativo informático “SIRA”.

f. Aplicativo SIRA – del año en que se realiza la evaluación, con datos estadísticos, código modular, código del local, bolsa de horas y las plazas debidamente actualizados. Las estadísticas que se reporten en el sistema SIRA deberán ser concordantes con el cuadro de secciones aprobado.

g. Cuadro de necesidades y excedencias remitido por las Instituciones Educativas.

h. En los CEBE se deberá comprobar la atención a los estudiantes con discapacidad severa y/o multidiscapacidad, considerando para esta condición el certificado médico, otorgado por los centros asistenciales MINSA, la Seguridad social o del que haga sus veces, así como la inscripción al CONADIS, si lo hubiere, de carecerlo la comisión podrá efectuar la constatación correspondiente.

7.2- Criterios para determinar excedencia del personal:

7.2.1- Personal docente:
En caso de existir en la Institución Educativa, un número mayor de plazas y personal docente y administrativo que las estrictamente necesarias para atender con eficiencia el servicio educativo, como resultado de la evaluación, será declarado excedente de acuerdo a la siguiente:

a. Profesionales de la Educación (Docentes Titulados).

En caso de los docentes titulados, se declarara excedente de manera excluyente a los docentes que no reúnan los siguientes requisitos:

a.1 Título pedagógico que no es del nivel o modalidad educativa
a.2 Título pedagógico que no es de la especialidad requerida para el cargo.

A igualdad de condiciones se considerará excedente al docente con menor puntaje de acuerdo al siguiente cuadro:

(OJO ANALIZAR EL CUADRO: PUNTOS POR EXAMEN CENSAL Y POR CAPACITACION NO ES MERITOCRACIA, SINO POR SOBONERIA)
En caso de igualdad de condiciones será declarado excedente el docente que tenga menor tiempo de servicios oficiales en la Institución educativa, de subsistir la igualdad será declaradoexcedente el que tenga menor tiempo de servicios oficiales docentes al Estado. (AQUI NO CUENTA YA PARA NADA LOS AÑOS DE SERVICIO NI LOS NIVLES MAGISTERIALES)

Para el nivel de educación secundaria (EBR), ciclo avanzado de EBA y de Educación Técnico Productiva, los profesores serán previamente agrupados por especialidad y modalidad.

b. Docentes no titulados o Auxiliares de Educación,

Se consideran excedentes en el siguiente orden de prelación:

 Con Educación Secundaria o menos.
 Con estudios no concluidos de Educación Superior no pedagógicos.
 Con Educación Superior no pedagógica concluido
 Grado académico de Bachiller no pedagógico.
 Con Estudios no concluidos de Educación Superior Pedagógico
 Con Estudios concluidos de Educación Superior Pedagógicos.
 Con Grado académico de Bachiller en educación.

En caso de igualdad de condiciones será declarado excedente el docente o auxiliarq ue tenga menor tiempo de servicios oficiales en la institución educativa, de subsistir laigualdad será declarado excedente el que tenga menor tiempo de servicios oficiales docentes al Estado.

7.2.2 Servidores Públicos (Trabajadores administrativos y de servicio):
Los servidores públicos de las Instituciones Educativas comprendidos en el D. L. Nº 276 y su Reglamento aprobado por D.S. Nº 005-90-PCM, serán agrupados por grupo ocupacional y cargo. Los criterios para determinar la excedencia de los trabajadores administrativos, en orden de prelación excluyente y de acuerdo con el perfil del cargo son:

a. Servidor Público Especialista (Profesionales):

 Título Profesional no Universitario
 Título Profesional Universitario no requerido para el cargo.
 Tiempo de Servicios Oficiales.
 Tiempo de Servicios en la Institución Educativa.

b. Servidor Público de Apoyo (Técnicos y Auxiliares)

 Estudios secundarios o menos.
 Título de Auxiliar técnico
 Título de Técnico
 Tiempo de Servicios Oficiales.
 Tiempo de Servicios en la Institución Educativa.

7.2.3 Los docentes o administrativos, que resulten excedentes permanecerán en sus instituciones educativas, hasta ser reasignados o transferidos a instituciones educativas con déficit de servicio educativo, o a instituciones con plazas vacantes de la especialidad del trabajador, por un plazo no mayor a 30 días luego de haber sido declarados excedentes, siendo responsabilidad de la (COTDRE/UE) dar una ubicación definitiva a los trabajadores, antes de concluir con el proceso de evaluación y racionalización de plazas.

IX - CRITERIOS PARA LA ASIGNACIÓN DE PLAZAS

(REVISAR LA CANTIDAD DE ALUMNOS POR SECCION CON RELACION A NUMERO DE DOCENTES NECESARIOS